Se necesitan pastores / Necessita-se de pastores / Pastors are needed

Se necesitan pastores -pastores fieles- que no halaguen al pueblo de Dios ni lo traten con aspereza, sino que lo alimenten con el pan de vida. / Necessita-se de pastores - pastores fiéis - que não lisonjeem o povo de Deus, nem o tratem com aspereza, mas o alimentem com o pão da vida. / Pastors are needed -faithful shepherds- who will not flatter God"s people or treat them harshly, but who will feed them with the bread of life.

EL DIOS QUE YO CONOZCO

5.09 - ¿Cómo puede el hombre saber que aquello a lo cual se entrega es realmente la verdad?

Las doctrinas son los aspectos formalizados de la fe. Apuntan hacia el Dios viviente. Los que se ocupan de la religión tienen razón al advertir contra el intelectualismo abstracto. No puede exagerarse lo vital que es decidir en favor de Cristo y de su palabra y entregarse plenamente a él.

Pero, ¿cómo puede el hombre saber que aquello a lo cual se entrega es realmente la verdad?

La Biblia les habla a los hombres acerca del verdadero Dios, les dice quién es, lo que él ha hecho para salvar al hombre, lo que hará y lo que él requiere que crean y hagan los hombres. Este es el contenido de la verdad que ha sido dado en cuanto a doctrina y conocimiento se refiere. Dios, mediante el poder y la presencia del Espíritu Santo, se dirige personalmente al hombre. Él pide una respuesta personal inteligente, una entrega en armonía con las enseñanzas reveladas en la Palabra de Dios.

La verdadera experiencia cristiana requiere obediencia a lo que es dado como doctrina y enseñado así en la Biblia. El conocimiento de la verdad bíblica requiere más que el mero pensamiento. Exige que el hombre ponga su vida entera en armonía con las verdades divinas de la Palabra de Dios.

Sin creer en las enseñanzas y verdades de la Palabra de Dios, la experiencia cristiana se reduce a un sentimiento subjetivo del corazón. Donde Dios nada dice en términos de sana doctrina, no hay manera de saber cuál es realmente la verdad. Existe aquí el peligro de que el hombre se identifique con lo falso.

Por ejemplo: Daniel profetizó acerca de un poder apóstata que pensaría "en cambiar los tiempos y la ley" (Daniel 7: 25). ¿Cómo puede saber uno qué ley debe obedecer si no es mediante la Palabra de Dios? El apóstol Juan profetizó acerca de un poder adúltero, Babilonia la grande, que haría "beber a todas las naciones del vino -de doctrinas falsas- del furor de su fornicación" y haría que el mundo adorase a la bestia y a su imagen y recibiese su marca (Apocalipsis 13: 14-17; 18: 2-4).

En su carta a Timoteo, Pablo advirtió a la iglesia:

"Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas" (2 Timoteo 4: 3-4).

Hablando acerca del tiempo del fin Cristo dijo:

"Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos" (Mateo 24: 24).

¿Cómo puede el cristiano estar seguro de que él no será tambien engañado? Es obvio que el no puede confiar en ningún hombre. Su único punto de referencia está en la Palabra de Dios.

A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido" (Isaías 8: 20).

5.08 - La verdad no depende, para ser válida, de la experiencia del hombre sino de lo que Dios ha revelado en su Palabra

Hoy hay tanto indiferencia como oposición a la doctrina. Algunos dicen que lo esencial es Jesucristo. Se proclama: "Volvamos a Cristo". Creo que todo cristiano está de acuerdo con esto. No hay iglesia ni religión que pueda llamarse cristiana que no centre su doctrina y su vida en Jesucristo.

A menudo hay quienes profesan ser cristianos que son inducidos a creer que la preocupación en cuanto a la doctrina produce frialdad en la religión y pérdida en la experiencia cristiana. Se dice que el cristianismo no es un credo sino una vida. Nadie discute esto. Al mismo tiempo, la afirmación puede ser muy engañosa, especialmente cuando estas consignas son usadas para rebajar el contenido racional y las enseñanzas de la Palabra de Dios.

Se tiende a poner a la doctrina y a la experiencia cristiana en mutua oposición. El exclamar: "Abajo la doctrina; volvamos a Cristo" es tan sensato como decir: "Abajo la botánica; volvamos a las flores"; "Abajo la teología, volvamos a Dios". La doctrina y la experiencia cristiana van juntas.

Los peligros de esta clase de enfoque no se disciernen fácilmente. Los hombres se satisfacen con un asentimiento mental a la religión sin una entrega personal. A menudo la iglesia se ha preocupado más de la certidumbre racional que de la verdad viviente. Ha operado por largo tiempo en el contexto de ideas y doctrinas, dándole prioridad a declaraciones formales hechas por la iglesia.

Es posible contestar muchas preguntas acerca de la religión sin llegar a estar personalmente comprometido. En el juego de palabras e ideas es posible reducir a Dios a sólo una idea. El esfuerzo de formular un sistema lógico de doctrina puede no llevar al hombre a parte alguna. De ahí que el clamor por una fe que debe ser vivida mas bien que conocida. Se hace un contraste entre ser participante y ser espectador.

La verdad centrada en Cristo es lo que todos los hombres necesitan. La experiencia cristiana es más que doctrina. Pero la pregunta crucial es cómo llegar a la verdad. ¿Cómo sabe uno si la experiencia que pretende tener corresponde realmente con la verdad de Dios? ¿En qué punto son los hombres realmente confrontados con la verdad? ¿Cuándo llega a estar la experiencia del hombre de acuerdo con la verdad?

Una de las tendencias peligrosas de nuestros días es la renuncia del hombre a ser atado por el caracter normativo de la Palabra de Dios. Aceptamos que la doctrina en cuanto a Cristo no es Cristo; que la doctrina en cuanto al hombre no es el hombre. Es obvio que la doctrina en cuanto a Dios no es Dios. Dios no es idéntico con la doctrina. La doctrina de la salvación no es lo mismo que experimentar la salvación. Pero las enseñanzas bíblicas sobre estas verdades son anteriores a una experiencia verdadera.

La verdad no depende, para ser válida, de la experiencia del hombre sino de lo que Dios ha revelado en su Palabra.

La doctrina de Pablo acerca de la justificación por la fe en el libro de Romanos no es igual a la experiencia del cristiano sobre ella. Sin embargo la experiencia del cristiano es probada por la enseñanza bíblica en cuanto a ella.

En ninguna parte deja Dios que el hombre pecador ande a tientas en torno de sí mismo en procura de la verdad. En todos los casos el Espíritu Santo habla y enseña y se mueve a través de estas verdades bíblicas para tornar genuina y significativa esa experiencia cristiana. La verdad es tanto doctrinal como personal.

5.07 - Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina

Uno de los grandes peligros de la iglesia en estos últimos días es la carencia de una sana doctrina.

La palabra griega traducida como "doctrina" es διδασκαλια [didaskalia] o "enseñanza". Las Escrituras son la base de la sana doctrina o enseñanza del conocimiento doctrinal de las cosas divinas. Las doctrinas bíblicas son las verdades fundamentales de la Biblia dispuestas generalmente de manera sistemática. La mente está organizada de tal manera que necesita ver las verdades bíblicas de manera ordenada. Generalmente se piensa que las doctrinas bíblicas son conceptos intelectuales en contraste con la verdad de la experiencia y de la práctica.

La Biblia es la Palabra de Dios y por lo tanto la verdad de Dios. Contiene poco que pueda ser llamado doctrina en el sentido sistemático. Raras veces ha presentado alguno de los escritores bíblicos un estudio sistematizado de alguna doctrina en particular. Por ejemplo, no hay bosquejo alguno o argumentación respecto de grandes verdades tales como la segunda venida de Cristo, el estado de los muertos, inclusive acerca de la salvación y muchas otras. El estudio que hace Pablo sobre la justificación por la fe en el libro de Romanos es el que más se acerca a esto.

Sin embargo, hay una seria preocupación en cuanto a lo que es verdad y la sana doctrina. El hecho de que los escritores bíblicos no hubiesen escrito un libro de texto de doctrinas bíblicas no significa que ellos eran descuidados en cuanto a las verdades y enseñanzas de la Biblia. La historia de la iglesia cristiana revela los conflictos que surgieron dondequiera que la iglesia cristiana se separó de las enseñanzas bíblicas y enseñó el error. La iglesia ha encontrado que le es ventajoso defender su posición mediante un sistema organizado de sana doctrina.

Vez tras vez las Escrituras insisten en la necesidad de que la iglesia y el cristiano sigan la sana doctrina:

"Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina (διδασκαλια [didaskalia])... en la enseñanza (διδασκαλια [didaskalia]) mostrando integridad" (Tito 2: 1, 7).

Cuando las Escrituras hablan de "buena doctrina" (1 Timoteo 4: 6) y "sana doctrina" (1 Timoteo 1: 10; 2 Timoteo 4: 3), en oposición a "mandamientos de hombres" (Mateo 15: 9) y "doctrinas de demonios (1 Timoteo 4: 1), no están diciendo que hay maneras diferentes de enseñar la misma cosa o que la doctrina no es importante, sino que estas son enseñanzas antagónicas.

La diferencia es vital para la experiencia cristiana. Cada cristiano y cada iglesia tiene la responsabilidad de preguntar ¿Qué es verdad? ¿Qué es sana doctrina? La iglesia debe hacer uso de su papel como maestra de la verdad y de la sana doctrina. Ella debe retener "la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen" (Tito 1: 9).

"Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina" (Tito 2: 1).

5.06 - La iglesia no es algo que los hombres hacen...

Algunas de la palabras más importantes y animadoras de la Biblia son las que Dios dirige a su iglesia de los últimos días, la iglesia remanente:

"Entonces el dragón se llenó de ira contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo" (Apocalipsis 12: 17).

"Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús" (Apocalipsis 14: 12).

"Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años" (Apocalipsis 20: 4).

Realmente vale la pena que los hombres reconozcan que Dios les ha hablado, a fin de que puedan entender claramente y aplicar su verdad a sus propias vidas.

La Palabra de Dios debe actuar libremente en la iglesia remanente. El gran día del refrigerio de la presencia del Señor está cercano. "Tu pueblo se te ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder" (Salmo 110: 3).

La verdadera iglesia probará que es el pueblo de Dios mediante su obediencia a sus mandamientos y su testimonio viviente en favor de Jesucristo. En la verdadera iglesia los miembros entienden y obedecen la verdad de Dios.

Esta lealtad es aceptada alegremente por causa del don de la salvación.

La iglesia no es algo que los hombres hacen. Es algo que Dios hace mediante el poder de su Espíritu que la dirige a toda verdad. Esta es la iglesia en que los hombres pueden confiar, una iglesia probada por la Palabra de Dios y el Cristo vivente, y no hallada en falta.

Sin esta prueba ninguna iglesia, no importa cuán grande sea, puede ser digna de confianza. Cuando la iglesia constantemente avance con fe y amor proclamando y haciendo la voluntad de Dios como resultado de su lealtad completa a su Señor, será llena de poder y las puertas de infierno no prevalecerán contra ella.

5.05 - El hacer discípulos de Cristo no es un concurso de popularidad

Cualquier iglesia puede apartarse tanto de la verdad que su mismo mensaje se transforme en tinieblas.

Su mismo ritual, sus proclamaciones formales y su culto, son solamente un disfraz y una falsificación que ocultan su alejamiento de la fe.

Muchos de los que asisten a las iglesias hoy han llegado a creer en la iglesia a la cual asisten sin conocer ni examinar cuán verdadera es la posición de esa iglesia, o si ellos mismos están realmente viviendo en obediencia a la voluntad revelada de Dios.

El alejamiento de la Palabra de parte de cualquier iglesia es tan serio como el alejamiento de las normas correctas en asuntos morales en nuestro mundo de hoy.

El ser verdaderamente un creyente significa estar totalmente identificado con la plena luz de la verdad que se encuentra en Cristo y en su Palabra.

Ningún cristiano puede permitirse el lujo de confrontar la verdad de Dios y luego rehusar ver y oír porque la Palabra ataca su propia voluntad egoísta, o porque él no quiere discordar con la iglesia de la cual es miembro. El hacer discípulos de Cristo no es un concurso de popularidad. Sólo el remanente permanece con Cristo. La mayoría toma el camino ancho que lleva a la destrucción.

Nadie puede permitirse el lujo de tranquilizar su conciencia uniéndose a cualquier iglesia sólo para evitar tener que escoger por sí mismo la verdad ante Dios.

La verdadera iglesia continuamente guiará a sus seguidores a la luz de Dios, que "va en aumento hasta que el día es perfecto" (Proverbios 4: 18). De esta manera la iglesia está constantemente ganando la victoria sobre las fuerzas del error y las tinieblas.

5.04 - ¿Puede una iglesia conducir al error mientras sus miembros pretenden creer en la verdad?

Vez tras vez la Palabra de Dios ha sido maltratada. Los hombres han levantado sus propias tradiciones contra la verdad de Dios. Jesús reconoció este alejamiento de la verdad de Dios y advirtió:

"Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres: los lavamientos de los jarros y de los vasos de beber; y hacéis otras muchas cosas semejantes. Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición" (Marcos 7: 7-9).

Por lo tanto todas las iglesias, no importa qué tamaño o categoría tengan, necesitan probarse a sí mismas continuamente mediante esa norma dada de verdad, las Sagradas Escrituras. No puede haber excusas aquí si la iglesia ha de permanecer leal a su Señor.

Cuando decimos que Cristo instituyó la iglesia cristiana, no queremos decir que él creó una organización y luego la dejó para ser manejada por pastores, obispos y arzobispos. Cristo siempre es el Señor y donde el Espíritu dirige, la iglesia tiene que ser conducida a la verdad. Cristo jamás negaría las Escrituras: El mismo declaró: "la Escritura no puede ser quebrantada" (Juan 10: 35).

Cristo deja muy en claro que el aceptar y el obedecer su Palabra revelada es una prueba del discipulado:

"Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres" (Juan 8: 31-32).

Siendo así las cosas, los hombres se encontrarán a sí mismos a favor de Dios o en contra de Dios.

El peligro que enfrenta la iglesia es la posibilidad de que ella se aparte de las Escrituras, y así, en consecuencia, engañe a sus propios seguidores. Así los hombres pueden ser conducidos al error, mientras que, al mismo tiempo, pretenden creer en la verdad.

Por esta razón ninguna iglesia puede por propia autoridad declarar que el hombre está "en la verdad" o está "salvado". Solamente Dios puede hacer esto. Solamente la Palabra de Dios puede revelar la verdad y distinguirla del error.

Todo el que profesa ser cristiano es personalmente responsable de hacerse las preguntas que corresponden:

¿Quiero realmente yo conocer la verdad?

¿Planeo seriamente obedecer la verdad revelada en la Palabra de Dios?

Mediante las Sagradas Escrituras Dios ha proporcionado todo lo que se necesita para dirigir a los pecadores hacia la luz. La palabra de verdad es la luz que brilla en las tinieblas de este mundo. Está a disposición de todos los que la leen y la estudian.

"El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios" (Juan 7: 17).

Esta es la responsabilidad del hombre, no importa de qué iglesia sea miembro.

Todo ministro, igualmente, de toda denominación tiene la obligación sagrada de aprender la verdad y de guiar a sus oyentes al camino de la verdad. Sólo cuando los hombres son confrontados así es cuando dicen SÍ o NO a Dios.