Se necesitan pastores / Necessita-se de pastores / Pastors are needed

Se necesitan pastores -pastores fieles- que no halaguen al pueblo de Dios ni lo traten con aspereza, sino que lo alimenten con el pan de vida. / Necessita-se de pastores - pastores fiéis - que não lisonjeem o povo de Deus, nem o tratem com aspereza, mas o alimentem com o pão da vida. / Pastors are needed -faithful shepherds- who will not flatter God"s people or treat them harshly, but who will feed them with the bread of life.

EL DIOS QUE YO CONOZCO

5.11 - Y no cayó, porque estaba fundada sobre la Roca

Toda iglesia que deliberadamente descuide o rechace cualquier parte de la Palabra de Dios está en grave peligro de apostatar. La acusación frecuente de Dios contra los que profesan ser su pueblo en la Biblia es que ellos no han obedecido su voz. Deploramos el descuido o rechazo de cualquier doctrina bíblica hecho mientras, al mismo tiempo, se pretende aceptar a Cristo como Salvador y Señor.

Tratemos por todos los medios de hacer vivir al cristianismo. Pero en el momento en que uno hace esto, uno descubre las normas y verdades que hacen inevitable la doctrina. No se gana nada con invitar a los hombres a vivir vidas correctas a menos que ellos acepten obedecer la divina ley de Dios. No se consigue nada insistiéndole a la gente que siga a Cristo a menos que ellos reconozcan la necesidad de guardar sus mandamientos.

"No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad. Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca" (Mateo 7: 21-25).

Estas palabras nos parecen increíbles y difíciles de aceptar. Pero nuestro Señor fue quien las pronunció. Él declaró que muchas de las personas que finalmente serán lanzadas a las tinieblas de afuera serán las que han predicado y enseñados desde los púlpitos sagrados en las iglesias y las que han estado sentadas, escuchando, en los asientos.

5.10 - Una comunión más estrecha con Cristo supone una comprensión más sólida de la sana doctrina

Las verdades de la Biblia tienen significación para los hombres de todas las épocas porque constituyen la verdad eterna y fija de Dios. Ningún cristiano puede permitirse el lujo de vivir en armonía con lo que parece ser correcto a sus ojos y a su experiencia. Solamente la verdad revelada que procede de Dios es capaz de desarrollar una experiencia en armonía con Dios.

Con Jesucristo no hubo conflicto entre afirmaciones doctrinarias y el experimentar la verdad bíblica. Jesús se sintió abrumado de compasión cuando vio las multitudes descuidadas. En respuesta a sus necesidades, él comenzó a enseñarles muchas cosas. No solamente las encontró y favoreció, sino que también les habló. Las instruyó. Les trajo luz y sanidad. No solamente las hizo sentirse bien, también alimentó la mente. Antes de su partida le ordenó a sus discípulos que hicieran lo mismo:

"Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones... enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo" (Mateo 28: 19-20).

No hay evidencia ninguna que la doctrina cristiana sea un obstáculo para la vida cristiana. Al contrario, una comunión más estrecha con Cristo supone una comprensión más sólida de la sana doctrina.

En cuanto al Decálogo, Cristo no dijo: "Las enseñanzas de los diez mandamientos ya no tienen vigencia desde que yo vine. Si ustedes me tienen a mí, ya no necesitan de la ley de Dios". En cuanto al sexto mandamiento él prohibió también el espíritu de odio que llevaría al asesinato. Él no negó la vigencia del séptimo mandamiento contra el adulterio, sino que inclusive prohibió hasta la intención concupiscente.

Jesucristo es el único fundamento seguro:

"Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará" (1 Corintios 3: 11-13 ).

No puede ser indiferente el que la sobreestructura que pretendemos construir sobre este fundamento sea de piedras costosas o de paja. La entrega a Cristo no aleja más el cristiano de la doctrina bíblica. Lo fundamenta en ella. Cristo es la verdad. Él habla la verdad. Él enseña la verdad. Esta es la herencia del cristiano. La entrega a Cristo viene en primer lugar. Si la relación de uno con Cristo es equivocada, entonces ninguna relación con doctrinas puede ser correcta.

"Y se maravillaban los judíos, diciendo: ¿Cómo sabe éste letras, sin haber estudiado? Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió. El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta" (Juan 7: 15-17).

"Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos" (Hebreos 13: 8).

"No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos. Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos" (Mateo 5: 17-20).

"Mas la que cayó en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia" (Lucas 8: 15).

"El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida... El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero. Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar. Y sé que su mandamiento es vida eterna. Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho" (Juan 6: 63; 12: 48-50 ).

"Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados" (Romanos 6: 17).

5.09 - ¿Cómo puede el hombre saber que aquello a lo cual se entrega es realmente la verdad?

Las doctrinas son los aspectos formalizados de la fe. Apuntan hacia el Dios viviente. Los que se ocupan de la religión tienen razón al advertir contra el intelectualismo abstracto. No puede exagerarse lo vital que es decidir en favor de Cristo y de su palabra y entregarse plenamente a él.

Pero, ¿cómo puede el hombre saber que aquello a lo cual se entrega es realmente la verdad?

La Biblia les habla a los hombres acerca del verdadero Dios, les dice quién es, lo que él ha hecho para salvar al hombre, lo que hará y lo que él requiere que crean y hagan los hombres. Este es el contenido de la verdad que ha sido dado en cuanto a doctrina y conocimiento se refiere. Dios, mediante el poder y la presencia del Espíritu Santo, se dirige personalmente al hombre. Él pide una respuesta personal inteligente, una entrega en armonía con las enseñanzas reveladas en la Palabra de Dios.

La verdadera experiencia cristiana requiere obediencia a lo que es dado como doctrina y enseñado así en la Biblia. El conocimiento de la verdad bíblica requiere más que el mero pensamiento. Exige que el hombre ponga su vida entera en armonía con las verdades divinas de la Palabra de Dios.

Sin creer en las enseñanzas y verdades de la Palabra de Dios, la experiencia cristiana se reduce a un sentimiento subjetivo del corazón. Donde Dios nada dice en términos de sana doctrina, no hay manera de saber cuál es realmente la verdad. Existe aquí el peligro de que el hombre se identifique con lo falso.

Por ejemplo: Daniel profetizó acerca de un poder apóstata que pensaría "en cambiar los tiempos y la ley" (Daniel 7: 25). ¿Cómo puede saber uno qué ley debe obedecer si no es mediante la Palabra de Dios? El apóstol Juan profetizó acerca de un poder adúltero, Babilonia la grande, que haría "beber a todas las naciones del vino -de doctrinas falsas- del furor de su fornicación" y haría que el mundo adorase a la bestia y a su imagen y recibiese su marca (Apocalipsis 13: 14-17; 18: 2-4).

En su carta a Timoteo, Pablo advirtió a la iglesia:

"Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas" (2 Timoteo 4: 3-4).

Hablando acerca del tiempo del fin Cristo dijo:

"Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos" (Mateo 24: 24).

¿Cómo puede el cristiano estar seguro de que él no será tambien engañado? Es obvio que el no puede confiar en ningún hombre. Su único punto de referencia está en la Palabra de Dios.

A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido" (Isaías 8: 20).

5.08 - La verdad no depende, para ser válida, de la experiencia del hombre sino de lo que Dios ha revelado en su Palabra

Hoy hay tanto indiferencia como oposición a la doctrina. Algunos dicen que lo esencial es Jesucristo. Se proclama: "Volvamos a Cristo". Creo que todo cristiano está de acuerdo con esto. No hay iglesia ni religión que pueda llamarse cristiana que no centre su doctrina y su vida en Jesucristo.

A menudo hay quienes profesan ser cristianos que son inducidos a creer que la preocupación en cuanto a la doctrina produce frialdad en la religión y pérdida en la experiencia cristiana. Se dice que el cristianismo no es un credo sino una vida. Nadie discute esto. Al mismo tiempo, la afirmación puede ser muy engañosa, especialmente cuando estas consignas son usadas para rebajar el contenido racional y las enseñanzas de la Palabra de Dios.

Se tiende a poner a la doctrina y a la experiencia cristiana en mutua oposición. El exclamar: "Abajo la doctrina; volvamos a Cristo" es tan sensato como decir: "Abajo la botánica; volvamos a las flores"; "Abajo la teología, volvamos a Dios". La doctrina y la experiencia cristiana van juntas.

Los peligros de esta clase de enfoque no se disciernen fácilmente. Los hombres se satisfacen con un asentimiento mental a la religión sin una entrega personal. A menudo la iglesia se ha preocupado más de la certidumbre racional que de la verdad viviente. Ha operado por largo tiempo en el contexto de ideas y doctrinas, dándole prioridad a declaraciones formales hechas por la iglesia.

Es posible contestar muchas preguntas acerca de la religión sin llegar a estar personalmente comprometido. En el juego de palabras e ideas es posible reducir a Dios a sólo una idea. El esfuerzo de formular un sistema lógico de doctrina puede no llevar al hombre a parte alguna. De ahí que el clamor por una fe que debe ser vivida mas bien que conocida. Se hace un contraste entre ser participante y ser espectador.

La verdad centrada en Cristo es lo que todos los hombres necesitan. La experiencia cristiana es más que doctrina. Pero la pregunta crucial es cómo llegar a la verdad. ¿Cómo sabe uno si la experiencia que pretende tener corresponde realmente con la verdad de Dios? ¿En qué punto son los hombres realmente confrontados con la verdad? ¿Cuándo llega a estar la experiencia del hombre de acuerdo con la verdad?

Una de las tendencias peligrosas de nuestros días es la renuncia del hombre a ser atado por el caracter normativo de la Palabra de Dios. Aceptamos que la doctrina en cuanto a Cristo no es Cristo; que la doctrina en cuanto al hombre no es el hombre. Es obvio que la doctrina en cuanto a Dios no es Dios. Dios no es idéntico con la doctrina. La doctrina de la salvación no es lo mismo que experimentar la salvación. Pero las enseñanzas bíblicas sobre estas verdades son anteriores a una experiencia verdadera.

La verdad no depende, para ser válida, de la experiencia del hombre sino de lo que Dios ha revelado en su Palabra.

La doctrina de Pablo acerca de la justificación por la fe en el libro de Romanos no es igual a la experiencia del cristiano sobre ella. Sin embargo la experiencia del cristiano es probada por la enseñanza bíblica en cuanto a ella.

En ninguna parte deja Dios que el hombre pecador ande a tientas en torno de sí mismo en procura de la verdad. En todos los casos el Espíritu Santo habla y enseña y se mueve a través de estas verdades bíblicas para tornar genuina y significativa esa experiencia cristiana. La verdad es tanto doctrinal como personal.

5.07 - Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina

Uno de los grandes peligros de la iglesia en estos últimos días es la carencia de una sana doctrina.

La palabra griega traducida como "doctrina" es διδασκαλια [didaskalia] o "enseñanza". Las Escrituras son la base de la sana doctrina o enseñanza del conocimiento doctrinal de las cosas divinas. Las doctrinas bíblicas son las verdades fundamentales de la Biblia dispuestas generalmente de manera sistemática. La mente está organizada de tal manera que necesita ver las verdades bíblicas de manera ordenada. Generalmente se piensa que las doctrinas bíblicas son conceptos intelectuales en contraste con la verdad de la experiencia y de la práctica.

La Biblia es la Palabra de Dios y por lo tanto la verdad de Dios. Contiene poco que pueda ser llamado doctrina en el sentido sistemático. Raras veces ha presentado alguno de los escritores bíblicos un estudio sistematizado de alguna doctrina en particular. Por ejemplo, no hay bosquejo alguno o argumentación respecto de grandes verdades tales como la segunda venida de Cristo, el estado de los muertos, inclusive acerca de la salvación y muchas otras. El estudio que hace Pablo sobre la justificación por la fe en el libro de Romanos es el que más se acerca a esto.

Sin embargo, hay una seria preocupación en cuanto a lo que es verdad y la sana doctrina. El hecho de que los escritores bíblicos no hubiesen escrito un libro de texto de doctrinas bíblicas no significa que ellos eran descuidados en cuanto a las verdades y enseñanzas de la Biblia. La historia de la iglesia cristiana revela los conflictos que surgieron dondequiera que la iglesia cristiana se separó de las enseñanzas bíblicas y enseñó el error. La iglesia ha encontrado que le es ventajoso defender su posición mediante un sistema organizado de sana doctrina.

Vez tras vez las Escrituras insisten en la necesidad de que la iglesia y el cristiano sigan la sana doctrina:

"Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina (διδασκαλια [didaskalia])... en la enseñanza (διδασκαλια [didaskalia]) mostrando integridad" (Tito 2: 1, 7).

Cuando las Escrituras hablan de "buena doctrina" (1 Timoteo 4: 6) y "sana doctrina" (1 Timoteo 1: 10; 2 Timoteo 4: 3), en oposición a "mandamientos de hombres" (Mateo 15: 9) y "doctrinas de demonios (1 Timoteo 4: 1), no están diciendo que hay maneras diferentes de enseñar la misma cosa o que la doctrina no es importante, sino que estas son enseñanzas antagónicas.

La diferencia es vital para la experiencia cristiana. Cada cristiano y cada iglesia tiene la responsabilidad de preguntar ¿Qué es verdad? ¿Qué es sana doctrina? La iglesia debe hacer uso de su papel como maestra de la verdad y de la sana doctrina. Ella debe retener "la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen" (Tito 1: 9).

"Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina" (Tito 2: 1).

5.06 - La iglesia no es algo que los hombres hacen...

Algunas de la palabras más importantes y animadoras de la Biblia son las que Dios dirige a su iglesia de los últimos días, la iglesia remanente:

"Entonces el dragón se llenó de ira contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo" (Apocalipsis 12: 17).

"Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús" (Apocalipsis 14: 12).

"Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años" (Apocalipsis 20: 4).

Realmente vale la pena que los hombres reconozcan que Dios les ha hablado, a fin de que puedan entender claramente y aplicar su verdad a sus propias vidas.

La Palabra de Dios debe actuar libremente en la iglesia remanente. El gran día del refrigerio de la presencia del Señor está cercano. "Tu pueblo se te ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder" (Salmo 110: 3).

La verdadera iglesia probará que es el pueblo de Dios mediante su obediencia a sus mandamientos y su testimonio viviente en favor de Jesucristo. En la verdadera iglesia los miembros entienden y obedecen la verdad de Dios.

Esta lealtad es aceptada alegremente por causa del don de la salvación.

La iglesia no es algo que los hombres hacen. Es algo que Dios hace mediante el poder de su Espíritu que la dirige a toda verdad. Esta es la iglesia en que los hombres pueden confiar, una iglesia probada por la Palabra de Dios y el Cristo vivente, y no hallada en falta.

Sin esta prueba ninguna iglesia, no importa cuán grande sea, puede ser digna de confianza. Cuando la iglesia constantemente avance con fe y amor proclamando y haciendo la voluntad de Dios como resultado de su lealtad completa a su Señor, será llena de poder y las puertas de infierno no prevalecerán contra ella.

5.05 - El hacer discípulos de Cristo no es un concurso de popularidad

Cualquier iglesia puede apartarse tanto de la verdad que su mismo mensaje se transforme en tinieblas.

Su mismo ritual, sus proclamaciones formales y su culto, son solamente un disfraz y una falsificación que ocultan su alejamiento de la fe.

Muchos de los que asisten a las iglesias hoy han llegado a creer en la iglesia a la cual asisten sin conocer ni examinar cuán verdadera es la posición de esa iglesia, o si ellos mismos están realmente viviendo en obediencia a la voluntad revelada de Dios.

El alejamiento de la Palabra de parte de cualquier iglesia es tan serio como el alejamiento de las normas correctas en asuntos morales en nuestro mundo de hoy.

El ser verdaderamente un creyente significa estar totalmente identificado con la plena luz de la verdad que se encuentra en Cristo y en su Palabra.

Ningún cristiano puede permitirse el lujo de confrontar la verdad de Dios y luego rehusar ver y oír porque la Palabra ataca su propia voluntad egoísta, o porque él no quiere discordar con la iglesia de la cual es miembro. El hacer discípulos de Cristo no es un concurso de popularidad. Sólo el remanente permanece con Cristo. La mayoría toma el camino ancho que lleva a la destrucción.

Nadie puede permitirse el lujo de tranquilizar su conciencia uniéndose a cualquier iglesia sólo para evitar tener que escoger por sí mismo la verdad ante Dios.

La verdadera iglesia continuamente guiará a sus seguidores a la luz de Dios, que "va en aumento hasta que el día es perfecto" (Proverbios 4: 18). De esta manera la iglesia está constantemente ganando la victoria sobre las fuerzas del error y las tinieblas.

5.04 - ¿Puede una iglesia conducir al error mientras sus miembros pretenden creer en la verdad?

Vez tras vez la Palabra de Dios ha sido maltratada. Los hombres han levantado sus propias tradiciones contra la verdad de Dios. Jesús reconoció este alejamiento de la verdad de Dios y advirtió:

"Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres: los lavamientos de los jarros y de los vasos de beber; y hacéis otras muchas cosas semejantes. Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición" (Marcos 7: 7-9).

Por lo tanto todas las iglesias, no importa qué tamaño o categoría tengan, necesitan probarse a sí mismas continuamente mediante esa norma dada de verdad, las Sagradas Escrituras. No puede haber excusas aquí si la iglesia ha de permanecer leal a su Señor.

Cuando decimos que Cristo instituyó la iglesia cristiana, no queremos decir que él creó una organización y luego la dejó para ser manejada por pastores, obispos y arzobispos. Cristo siempre es el Señor y donde el Espíritu dirige, la iglesia tiene que ser conducida a la verdad. Cristo jamás negaría las Escrituras: El mismo declaró: "la Escritura no puede ser quebrantada" (Juan 10: 35).

Cristo deja muy en claro que el aceptar y el obedecer su Palabra revelada es una prueba del discipulado:

"Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres" (Juan 8: 31-32).

Siendo así las cosas, los hombres se encontrarán a sí mismos a favor de Dios o en contra de Dios.

El peligro que enfrenta la iglesia es la posibilidad de que ella se aparte de las Escrituras, y así, en consecuencia, engañe a sus propios seguidores. Así los hombres pueden ser conducidos al error, mientras que, al mismo tiempo, pretenden creer en la verdad.

Por esta razón ninguna iglesia puede por propia autoridad declarar que el hombre está "en la verdad" o está "salvado". Solamente Dios puede hacer esto. Solamente la Palabra de Dios puede revelar la verdad y distinguirla del error.

Todo el que profesa ser cristiano es personalmente responsable de hacerse las preguntas que corresponden:

¿Quiero realmente yo conocer la verdad?

¿Planeo seriamente obedecer la verdad revelada en la Palabra de Dios?

Mediante las Sagradas Escrituras Dios ha proporcionado todo lo que se necesita para dirigir a los pecadores hacia la luz. La palabra de verdad es la luz que brilla en las tinieblas de este mundo. Está a disposición de todos los que la leen y la estudian.

"El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios" (Juan 7: 17).

Esta es la responsabilidad del hombre, no importa de qué iglesia sea miembro.

Todo ministro, igualmente, de toda denominación tiene la obligación sagrada de aprender la verdad y de guiar a sus oyentes al camino de la verdad. Sólo cuando los hombres son confrontados así es cuando dicen SÍ o NO a Dios.

5.03 - ¿En qué iglesia se puede realmente confiar?

Nadie puede negar que Dios tiene hijos en todo conjunto de creyentes cristianos. Jesús dijo:

"También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor" (Juan 10: 16).

Si esto es así, ¿puede ser tan importante la respuesta a la pregunta: ¿Cuál es la iglesia verdadera?

En realidad no es esto lo que quiero discutir aquí. A mucha gente le resulta dificil comprender y aceptar esto. Comienzan con una idea equivocada en cuanto a lo que se espera que sea un verdadero discípulo de Cristo. La iglesia verdadera debe dejar muy claro lo que significa ser un discípulo leal de Cristo. Esto no equivale a repetir el credo de los apóstoles.

La iglesia verdadera comienza con Cristo: "Y sobre esta roca edificaré mi iglesia" (Mateo 16: 18). Este es el punto de partida del creyente. Jesús no pide que se haga una contribución financiera a empresas religiosas, ni siquiera que se tenga una vida moralmente respetable. El problema es el de lograr una entrega total a Jesucristo y a la verdad revelada de Dios. Toda iglesia tiene que ser probada por esto.

¿Revelan las Sagradas Escrituras cuál es la iglesia que se ha entregado totalmente a la voluntad de Dios? ¿Guía la iglesia a sus adherentes a la verdad que hay en Cristo y en la Biblia? Cristo prometió llevar a su iglesia a la unidad basada en la verdad mediante la obra del Espíritu Santo:

"Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber" (Juan 16: 12-14).

Dios tiene el propósito de comunicarle al mundo, mediante su iglesia, la revelación de sí mismo, de su carácter, su verdad, amor y misericordia. La iglesia no puede ser verdaderamente la iglesia hasta que cumpla con ese propósito. El hablar de sucesión apostólica es aceptable siempre que esta sucesión signifique lealtad a toda la verdad de la Palabra de Dios. Sin esa lealtad no tenemos nada más que una demanda egoísta de privilegios y autoridad eclesiáticos.

La iglesia necesita orar: "Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra" (Mateo 6: 10); y luego hacer posible el cumplimiento de esa oración mediante la investigación de las Escrituras para descubrir la voluntad de Dios en la doctrina, en la fe, en la moral, y en la vida cristiana. La diferencia entre la iglesia verdadera y la iglesia falsa está justamente en esto.

Una brújula va a señalar siempre de manera natural hacia el polo magnético a menos que se la haya dañado. La verdadera iglesia de Dios, señalará hacia el polo magnético de la verdad que se encuentra en la Biblia. Cuando una iglesia no pasa esta prueba, niega la fe dada una vez a los santos. A través de su historia la iglesia ha sido atacada continuamente en este punto. Satanás ha tenido buen éxito vez tras vez en lograr que la iglesia se aparte de la verdad bíblica.

La pregunta vital es: ¿En qué iglesia se puede realmente confiar?
La respuesta es inequívoca: en la iglesia que confiesa la verdad de Cristo y de la viviente Palabra de Dios.

Las preguntas que debes hacerte hoy son: ¿Puedo confiar en mi iglesia como guía segura en asuntos de fe y doctrina? ¿Es mi iglesia leal a la Palabra de Dios en todo sentido?

5.02 - ¿En qué es lo que usted cree?

Jorge Whitefield, en Inglaterra, al predicar para los mineros, cierto día le preguntó a uno de ellos: "¿En qué es lo que usted cree?".

-¡Oh! - exclamó el minero - yo creo en aquello que la iglesia enseña.

Pero el evangelista preguntó: -"¿Qué es lo que su iglesia enseña?

- Bien, -dijo el minero- la iglesia enseña lo que yo creo.

Whitefield entonces preguntó: "¿En que usted y su iglesia creen?

- ¡Ah! - dijo el minero- ¡La iglesia y yo creemos en la misma cosa!

¿Te parece que la fe de ese hombre era una fe inteligente?

5.01 - La peor de las locuras

La iglesia es llamada el cuerpo de Cristo:

"Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular" (1 Corintios 12: 27). El cuerpo incluye a todos los cristianos verdadero, vivos o muertos. Son parte de Cristo, la Cabeza viviente.

Cristo afirma que él tiene una iglesia en este mundo. Afirma que contra su iglesia "las puertas del Hades no prevalecerán".

"Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella" (Mateo 16: 16-18).

Acá tenemos una promesa divina de que su iglesia prevalecerá contra toda oposición. Por lo tanto no debiera ser dificil saber cuál es la iglesia de Cristo y así unirse a ella.

Pero, ¿cuál es la iglesia verdadera?

¿A cuál de la iglesias reconocería Jesús hoy como la iglesia victoriosa contra los poderes de las tinieblas?

¿Pertenecen a esa única iglesia verdadera todas las organizaciones religiosas y denominaciones?

Todas las iglesias pretenden tener la verdad que indica el camino hacia el reino de Dios y la vida eterna. Pero ¿la tienen realmente todas?

Hay mucha religión barata en este mundo. Es posible que haya una falsificación.

Es muy importante la clase de iglesia que uno escoge. Es posible que una iglesia se alíe con fuerzas que se oponen a la verdad de Dios, mientras que profesa enseñarla y proclamarla. Cuando esto ocurre, los hombres en realidad adoran y sirven a doctrinas de hombres y a productos del pensamiento y de las opiniones de hombres.

Siendo que está en juego la salvación del hombre, él debiera estar seguro del camino que está tomando. El permitir que uno sea engañado en asuntos de esta naturaleza es la peor de las locuras.

4.02 - ¿ES LA HISTORIA DE TU VIDA?

"También dijo: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente" (Lucas 15: 11-13).

Este hijo menor se había cansado de la sujeción a que estaba sometido en la casa de su padre. Le parecía que se le restringía su libertad. Interpretaba mal el amor y cuidado que le prodigaba su padre, y decidió seguir los dictados de su propia inclinación.

El joven no reconoce ninguna obligación hacia su padre, ni expresa gratitud; no obstante reclama el privilegio de un hijo en la participación de los bienes de su padre. Desea recibir ahora la herencia que le correspondería a la muerte de su padre. Está empeñado en gozar del presente, y no se preocupa de lo futuro.

Habiendo obtenido su patrimonio, fue "a una provincia apartada", lejos de la casa de su padre. Teniendo dinero en abundancia y libertad para hacer lo que le place, se lisonjea de haber logrado el deseo de su corazón. No hay quien le diga: No hagas esto, porque será perjudicial para ti; o: Haz esto porque es recto.

Las malas compañías le ayudan a hundirse cada vez más profundamente en el pecado, y desperdicia "su hacienda viviendo perdidamente".

La Biblia habla de hombres que "profesando ser sabios, se hicieron necios" (Romanos 1: 22) y éste es el caso del joven de la parábola.

Despilfarra la riqueza que egoístamente reclamó de su padre. Malgasta el tesoro de su virilidad. Los preciosos años de vida, la fuerza del intelecto, las brillantes visiones de la juventud, las aspiraciones espirituales, todos son consumidos.

Sobreviene una gran hambre; él comienza a sentir necesidad y se llega a uno de los ciudadanos de aquel país, quien lo envía al campo a apacentar cerdos. Para un judío ésta era la más mezquina y degradante de las ocupaciones.

El joven que se había jactado de su libertad, ahora se encuentra esclavo. Está sometido al peor de los yugos: "retenido... con las cuerdas de su pecado" (Proverbio 5: 22).

El esplendor y el brillo que lo ofuscaron han desaparecido, y siente el peso de su cadena.

Sentado en el suelo de aquella tierra desolada y azotada por el hambre, sin otra compañía que los cerdos, se resigna a saciarse con los desperdicios con que se alimentan las bestias.

No conserva la amistad de ninguno de los alegres compañeros que lo rodeaban en sus días de prosperidad y comían y bebían a costa suya. ¿Dónde está ahora su gozo desenfrenado?

Tranquilizando su conciencia, amodorrando su sensibilidad, se creyó feliz; pero ahora, sin dinero, sufriendo de hambre, con su orgullo humillado, con su naturaleza moral empequeñecida, con su voluntad debilitada e indigna de confianza, con sus mejores sentimientos aparentemente muertos, es el más desventurado de los mortales.

4.01 - Solo... en los sequedales en el desierto

"También dijo: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente" (Lucas 15:11-13).

¡Qué cuadro se presenta aquí de la condición del pecador!

Aunque rodeado de las bendiciones del amor divino, no hay nada que el pecador, empeñado en la complacencia propia y los placeres pecaminosos, desee tanto como la separación de Dios.

Pretende que las cosas buenas de Dios le pertenecen por derecho. Las recibe como una cosa natural, sin expresar agradecimiento ni prestar ningún servicio de amor.

Así como Caín salió de la presencia del Señor para la "tierra de Nod" ¹ (Génesis 4:16); así como el pródigo vagó por "una provincia apartada" (Lucas 15:13), así los pecadores buscan la felicidad en el olvido de Dios.

"Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entegó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las pactican". (Romanos 1: 28-32).

Cualquiera sea su apariencia, toda vida cuyo centro es el yo, está arruinada.

Quienquiera que intente vivir lejos de Dios, está malgastando su sustancia, desperdiciando los años mejores, las facultades de la mente, el corazón y el alma, y labrando su propia bancarrota para la eternidad.

El hombre que se separa de Dios para servirse a sí mismo, es esclavo de Mammón.

La gente que Dios creó para asociarse con los ángeles, ha llegado a degradarse en el servicio de lo terreno y animal. Este es el fin al cual conduce el servicio del yo.

Si escogiste una vida tal, necesitas saber que estás gastando dinero en aquello que no es pan, y trabajando por lo que no satisface.

Llegarán horas cuando te darás cuenta de tu degradación. Solo en la provincia apartada, sientes tu miseria, y en tu desesperación clamas:

Miserable hombre de mí! ¿quién me librará del cuerpo de esta muerte?" (Romanos 7: 24).

Las palabras del profeta contienen la declaración de una verdad universal cuando dice:

"Maldito el hombre que confía en el hombre, y pone carne por su brazo y su corazón se aparta de Jehová. Pues será como la retama en el desierto, y no verá cuando viene el bien; sino que morará en los sequedales en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada" (Jeremías 17: 5 y 6).

Dios "hace que su sol salga sobre malos y buenos, y llueva sobre justos e injustos" (Mateo 5: 45), pero los hombres poseen la facultad de privarse del sol y la lluvia.

Así, mientras brilla el Sol de Justicia, y las lluvias de gracia caen libremente para todos, podemos, separándonos de Dios, morar "en los sequedales en el desierto".
--------------------------
¹ Nod: "errante", "huida", "exilio".

3.03 - Hay un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre

"Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (Hechos 4: 12).

"Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre" (1 Timoteo 2: 5).

"Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas" (Hebreos 8: 6).

El hombre quebrantó la ley de Dios, y por medio del Redentor se hicieron promesas nuevas sobre una base diferente.

Todas las cosas provienen de Dios. Todas las bendiciones deben venir a través de un Mediador.

Desde los beneficios más insignificantes hasta la mayor bendición, todo fluye por un único Canal: la mediación sobrehumana asperjada con la sangre cuyo valor supera todo cálculo porque era la vida de Dios en su Hijo.

Cada miembro de la familia humana está enteramente en las manos de Cristo, y todo lo que poseemos en esta vida presente ya sea dinero, casas, tierras, capacidad de razonar, fortaleza física, o facultades intelectuales y todas las bendiciones de la vida futura, han sido colocados en nuestra posesión como tesoros de Dios para que sean fielmente empleados en beneficio de nuestros semejantes.

Todo don tiene el sello de la cruz y lleva la imagen y el sobrescrito de Jesucristo.

Ahora bien, NINGUNA ALMA PUEDE DARLE A DIOS ALGO QUE YA NO SEA DE EL.

Recuerda esto: "Todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos" (1 Crónicas 29: 14).

Nosotros no poseemos nada, ni podemos ofrecer cosa alguna en valor, en obras, en fe, que no hayamos recibido primeramente de Dios y sobre lo cual Él puede en cualquier momento poner su mano y decir: "Esto es mío - dádivas y bendiciones y dotes que yo te confié, no para enriquecerte, sino para que las uses sabiamente en beneficio del mundo".

3.02 - Perdiste el favor, no el derecho

Por rebelión y apostasía el hombre perdió el favor de Dios; no sus derechos, porque él no podía tener valor excepto el que le fuera conferido por el Hijo de Dios.

Necesitas entender esto:
El hombre perdió esos privilegios que Dios en su misericordia le presentó como un don gratuito, un tesoro en depósito para ser usado en el avance de su causa y su gloria, para beneficiar a los seres que Él había hecho.

En el momento cuando la criatura de Dios rehusó obedecer las leyes del reino de Dios, en ese momento se volvió desleal al gobierno del Creador y se hizo enteramente indigna de todas las bendiciones con que El la había favorecido.

Esta era la situación de la raza humana después que el hombre, por su transgresión, se divorció de Dios.

Entonces ya no tenía más derecho a una bocanada de aire, a un rayo de sol o a una partícula de alimento.

Y la razón por la cual el hombre no fue aniquilado, fue porque Dios lo amó de tal manera que otorgó el don de su amado Hijo para que Él sufriera la penalidad de la transgresión.

Jesús estuvo dispuesto a convertirse en el fiador y sustituto del hombre a fin de que éste, mediante su incomparable gracia, pudiera tener otra oportunidad - una segunda prueba -, teniendo la experiencia de Adán y Eva como una advertencia para que no transgredieran la ley de Dios como ellos lo hicieron.

Y en cuanto el hombre disfruta las bendiciones de Dios en la dádiva del sol y la dádiva del alimento, debería inclinarse delante del alimento, debería inclinarse delante del Hacedor en agradecido reconocimiento de que todas las cosas provienen de El.

Todo lo que se le devuelve a Dios es tan sólo su propiedad, que El nos ha concedido.

3.01 - Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos

Porque ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que pudiésemos ofrecer voluntariamente cosas semejantes? Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos” (1 Cronicas 29: 14).

La justificación (o perdón) es enteramente por gracia y no se consigue por ninguna obra que el hombre caído pueda realizar.

Si el hombre rico tiene dinero y posesiones, y los ofrenda a Dios, se introducen ideas falsas que estropean la ofrenda por pensar que merece el favor de Dios, que Dios está obligado a considerarlo con especial benevolencia en virtud de su donación.

Ha habido mucho engaño y muy poca instrucción clara sobre este punto: Dios le ha prestado al hombre sus propios bienes en depósito (medios que Dios requiere que le sean devueltos cuando su providencia lo manifieste y la edificación de su causa lo demande).

Dios dio el intelecto, la salud y la capacidad para obtener ganancias terrenales. Él creó las cosas de la tierra. Manifiesta su poder divino para desarrollar todas sus riquezas. Son sus frutos, de su propia labranza.

Dios dio el sol, las nubes, las lluvias, para hacer que la vegetación floreciera.

Como siervo empleado por Dios, tu recogiste en su mies a fin de satisfacer tus necesidades de una manera económica y conservar el saldo a disposición de Dios.

Puedes decir con David: "Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos".

Así que la satisfacción del mérito de la criatura no puede consistir en devolver a Dios lo que es suyo, porque siempre fue su propiedad para ser usada según El en su providencia lo indicara.