Se necesitan pastores / Necessita-se de pastores / Pastors are needed

Se necesitan pastores -pastores fieles- que no halaguen al pueblo de Dios ni lo traten con aspereza, sino que lo alimenten con el pan de vida. / Necessita-se de pastores - pastores fiéis - que não lisonjeem o povo de Deus, nem o tratem com aspereza, mas o alimentem com o pão da vida. / Pastors are needed -faithful shepherds- who will not flatter God"s people or treat them harshly, but who will feed them with the bread of life.

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"LE SERÁ DADA". No hay “si” ni “tal vez”.


“El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo. Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios.” (1 Juan 5:10-13).

Aunque conozcamos a Cristo en cierto sentido, es decir, que Él es el Salvador del mundo, conocerlo significa mucho más que eso. Necesitamos tener conocimiento y experiencia personal en Cristo Jesús -un conocimiento experimental de Cristo, de lo que Él es para nosotros y de lo que somos nosotros para Él. Esta es la experiencia que todos necesitamos. Sin embargo, yo no la puedo tener por alguno de ustedes, ni ustedes la pueden tener por mí. La obra a ser realizada en nuestro favor deberá ser hecha mediante la manifestación del Santo Espíritu de Dios sobre la mente y el corazón humano. El corazón tiene que ser purificado y santificado.

No necesito decir a alguno de ustedes que esto es así, porque lo saben. Ninguno de nosotros necesita tener alguna duda acerca de dónde estamos, o pensar: “Quisiera saber cómo estoy delante de Dios”, sino que mediante una fe viva debemos sumergirnos en Dios, y cuando lo hagamos, Su vida resplandecerá en nosotros. No hay la menor necesidad de que estemos en un estado de ineficiencia y frialdad.

“Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada”. LE SERÁ DADA. No hay “si” ni “tal vez” aquí. “Pero pida con fe, no dudando nada”. (Santiago 1:5, 6).

Ora, pide sabiduría, fortaleza y eficiencia a Dios, y cree que ya las tienes. Pero tal vez, inmediatamente después de la oración, te parecerá que la infernal sombra de Satanás aparece justamente sobre tu senda, de manera que no puedas ver lo que hay más allá. ¿Qué es eso? Pues que el diablo quiere oscurecer tu fe. Pero no necesitas aceptar tal cosa. ¿Debe ser el sentimiento nuestro criterio, o la Palabra del Dios viviente? ¿Debemos sepultar nuestra fe en una nube? ¡Eso es lo que Satanás quiere que hagamos!

A veces esa nube desciende sobre nosotros, pero sabemos que Dios está a nuestro lado siempre. “Pida con fe, no dudando nada”. No aceptes ni la más mínima insinuación del diablo. No debe haber duda, “porque el que duda es semejante a la onda del mar”. (Santiago 1:6).

"Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia"

Jesús estaba enseñando, y, como de costumbre, otros, además de sus discípulos, se habían congregado a su alrededor. Hablara a sus discípulos de las escenas en las cuales ellos tomarían pronto una parte. Debían proclamar las verdades a ellos confiadas, y serían llevados a conflictos con los dominadores de este mundo. Por causa de él serían llevados ante tribunales, y ante magistrados y reyes. El les prometió que recibirían tal sabiduría que ninguno los podría contradecir. Sus palabras, que conmovían los corazones de la multitud y confundían a sus astutos adversarios, testificaban del poder de aquel Espíritu que prometió a sus seguidores.

Había muchos, sin embargo, que deseban la gracia del cielo únicamente para satisfacer sus propósitos egoístas. Reconocían el maravilloso poder de Cristo al exponer la verdad con una luz clara. Oyeron la promesa hecha a sus seguidores de que les sería dada sabiduría especial para hablar ante gobernantes y magistrados. (Luc. 12:11, 12). ¿No les concedería también su poder para provecho material?

"Le dijo uno de la multitud: Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia." (Luc. 12:13). Por medio de Moisés, Dios había dado instrucciones en cuanto a la transmisión de la herencia. El primogénito recibía una doble porción de la propiedad del padre, mientras que los hermanos menores se debían repartir partes iguales (Deut. 21:17). Este hombre juzga que su hermano le ha usurpado la herencia. Sus esfuerzos fracasaron en conseguir lo que considera como suyo; pero obtendrá seguramente su propósito si Cristo interviniese. Había oído las conmovedoras súplicas de Cristo, y sus solemnes denuncias contra los escribas y fariseos. Si palabras con tanta autoridad fueran dirigidas a este hermano, no osaría rehusarle su parte.

En medio de la solemne instrucción que Cristo había dado, este hombre reveló su disposición egoísta. Podía apreciar la habilidad del Señor, la cual iba a obrar en beneficio de sus asuntos materiales, pero las verdades espirituales no le habían impresionado la mente y el corazón. La obtención de la herencia era su tema absorbente. Jesús, el Rey de gloria, que era rico, pero que por nuestra causa se hizo pobre, le estaba abriendo los tesoros del amor divino. El Espíritu Santo estaba suplicándole que fuese un heredero de la "herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos" (1 Pedro 1:4) El había visto las evidencia del amor de Cristo. Ahora tenía la oportunidad de hablar al gran Maestro, de expresar el deseo más elevado de su corazón. Pero sus ojos estaban fijos en la Tierra. No vió la corona sobre su cabeza. Como Simón el mago, consideró el don de Dios como un medio de obtener ganancia material.

La misión del Salvador en la tierra se acercaba a su fin. Faltaban pocos meses para completar lo que había venido a hacer para establecer el reino de su gracia. Sin embargo, la codicia humana intentaba apartarlo de su obra, para solucionar la disputa por un pedazo de tierra. Pero Jesús no podía ser desviado de su misión. Su respuesta fue: "Hombre, ¿quién me ha puesto sobre vosotros como juez o partidor?" (Luc. 12:14) Jesús hubiera podido decirle a ese hombre lo que era justo. Sabía quién tenía el derecho en el caso, pero los hermanos discutían porque ambos eran codiciosos. Cristo dijo claramente que su ocupación no era arreglar disputas de esta clase. Su venida tenía otro fin: predicar el Evangelio y así despertar en los hombres el sentido de las realidades eternas.

En la actitud de Cristo en este caso hay una lección para todos los que ministran en su nombre. Cuando él envió a los doce, les dijo: "Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia." (Mat. 10:7, 8). Ellos no habían de arreglar los asuntos temporales de la gente. Su obra era persuadir a los hombres a reconciliarse con Dios. En esta obra estribaba su poder de bendecir a la humanidad. El único remedio para los pecados y dolores de los hombres es Cristo. Únicamente el Evangelio de su gracia puede curar los males que azotan a la sociedad.

La injusticia del rico hacia el pobre, el odio del pobre hacia el rico, tienen su raíz en el egoísmo, el cual puede extirparse únicamente por la sumisión a Cristo. Solamente él da un nuevo corazón de amor en lugar del corazón egoísta de pecado. Prediquen los siervos de Cristo el Evangelio con el Espíritu enviado desde el cielo, y como Cristo trabajen por el beneficio de los hombres. Entonces se manifestarán, en la bendición y la elevación de la humanidad, resultados que sería totalmente imposible alcanzar por el poder humano.

Nuestro Señor atacó la raíz del asunto que perturbaba a este interrogador, y la raíz de todas las disputas similares, diciendo: "Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee."

"También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios." (Lucas 12:16-21).

La carrera que tenemos por delante

"Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios." (Hebreos 12:1, 2).

Al finalizar este viejo año es prudente mirar hacia el futuro y no al pasado. Si realmente pretendes que 2010 sea mejor que 2009, hay algunas cosas que sería mejor dejar en el pasado: bagatelas e obstáculos que solamente estorban y retardan tu progreso en dirección a la Canaán celestial.

Primeramente deja en 2009 los pecados de 2009 (y de años anteriores). Puede ser que hayas pecado mucho más de lo que eres capaz de recordar, pero si has confesado y abandonado, debes ponerlos de lado para siempre. Es inútil preocuparse con lo que pasó. Dios los perdonó y los olvidó. ¿Por qué recordar lo que Dios olvida?

También debes olvidarte de las ambiciones y objetivos alcanzados. Una vez estuvieron adelante, pero ahora, por la gracia de Dios, esas cosas estimables, antes soñadas de ser grandes o completamente realizadas fueron alcanzadas e llegaste a la codiciada cumbre, a la cual un día temiste no conseguir llegar.

Deja atrás lo que pasó… y no regreses. Los desafíos están adelante, nunca atrás. Retroceder es exponerse al ataque y "navegar contra la corriente".

El apóstol ordena a correr " la carrera que tenemos POR DELANTE, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto DELANTE de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios."

Debes mirar a Jesús porque Él es tu Precursor (que precede, que va adelante). Seguirlo te ayuda a olvidar el pasado y a ir adelante hacia "la corona incorruptible de gloria" (1 Pedro 5:4).