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martes, mayo 26, 2009

6.09 - ¡Está hecho! ¡Gracias a Dios está hecho!

Isaías, en lenguaje expresivo, presenta un hermoso cuadro de Dios recuperando su pueblo de los cuatro extremos de la Tierra: "Asimismo acontecerá en aquel tiempo, que Jehová alzará otra vez su mano para recobrar el remanente de su pueblo" (Isaías 11:11 - RV-1960).

Estas palabras "alzará otra vez" son especialmente interesantes. Vienen de la palabra hebrea qanah, que significa "adquirir", "obtener por compra", "comprar de nuevo", "redimir". Se refieren a una práctica bien conocida del profeta, pues vivía en aquel trágico tiempo en que hombres y mujeres eran comprados y vendidos en los mercados de esclavos.

La esclavitud era algo cruel, insensible y diabólico. Sin embargo, no todo señor de esclavos era rudo y cruel. Algunos tenían buen corazón y eran compasivos. No solamente los esclavos, sino tambien los señores eran víctimas de un ambiente mortal. Aquellos dias eran malos. Pero, a pesar de las bajas normas de moralidad, a veces, un hombre opulento compraba un esclavo con el propósito de darle la libertad. Más que esto, se tiene conocimiento de que, en raras ocasiones, esclavos fueron adoptados como miembros de la familia de sus señores, garantiéndoles así su adopción absoluta libertad y comunión.

Ahora, haced la aplicación de ese maravilloso texto de las Escrituras.

El Dios de amor y de piedad va a los mercados del pecado y de la esclavitud y, como un hombre rico, rescata hombres y mujeres de una raza perdida, haciéndolos libres en Cristo. Entonces los exalta adoptándolos en su familia, y finalmente los torna poseedores del universo, como "herederos de Dios y coherederos con Cristo" (Rom. 8:17).

¡Que tremendo concepto! ¡Que maravillosas nuevas! Pensad, entonces, en el precio que él pagó para hacerlo. Pero ¡ESTÁ HECHO! ¡GRACIAS A DIOS ESTÁ HECHO!

lunes, mayo 25, 2009

6.08 - Contrastando la vida con la muerte

Los hechos son más convincentes cuando revelados en contraste. Por ese motivo Jesús enseñaba la verdad mediante la presentación de contrastes. Muchas de sus grandiosas verdades fueron declaradas en palabras tan sencillas como las siguientes: "Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?" (Mat. 16:25, 26).

No hay nada complicado en lo que Jesús enseñó, pues él lo tornó natural. El texto más conocido de la Biblia, es un ejemplo de su modo divino de predicar: "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna"(Juan 3:16).

De un lado presenta Jesús el tragico cuadro de un mundo perdido, una raza a perecer, la muerte eterna. Del otro lado, en glorioso contraste, coloca Jesús el maravilloso cuadro del amor de Dios, una raza redimida, su don incomparable, y la vida eterna. Entre esos dos cuadros está la humanidad: "todo aquel".

Moisés, el gran enseñador de los tiempos antiguos, también usó los contrastes. En el libro de Deuteronomio tenemos las grandes alocuciones y apelos finales de ese maestro de la revelación divina. En el capítulo 30:19 leemos: "A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia".

"Escoge, pues, la vida". No hay una tercera alternativa. Nunca hay. Y entonces, para tornar la verdad más eficaz, él dramatiza el mensaje de Salvación. Llamando representantes de seis de la tribus de Israel los coloca en el monte Gerizim para representar la bendición y la vida. Después, tomando representantes de las otras seis tribus los coloca en el Monte Ebal, para representar la maldición y la muerte.

Habiendo así establecido un contraste entre la vida y la muerte, apela a la nación, y a cada hombre, mujer y niño dentro de ella, para que escoja la vida. Su propia existencia y su servicio a la humanidad, dependían de lo que escogieran. Y las verdades que él proclamó milenios atrás son hoy justamente tan vitales como en aquellos dia. Como el gran guia de Israel, necesitan los embajadores de Cristo de esta generación exponer los asuntos de vida y muerte de manera tan clara, tan apelante, que los hombres se sienta compelidos a escoger la vida eterna.

Permanecen los hombres en nebulosos valles. En las palabras del profeta: "Muchos pueblos en el valle de la decisión; porque cercano está el día de Jehová en el valle de la decisión" (Joel 3:14). Debemos conduzirlos a Dios. Es privilegio de los embajadores de Cristo subir primero el monte de la vida y de las bendiciones; entonces, habiendo recibido la visión, volver a los valles donde los hombres trabajan y luchan y reconducir algunos al terreno alto de la salvación.

El objetivo de cada sermón es elevar a los hombres desde los valles del yo y del pecado, conduciéndolos a la presencia del Dios vivo. Esa es la verdadera predicación. El mensajero enviado de Dios revelará el camino de la paz al atribulado y desanimado, mostrando la gracia y la perfección de Jesús. La predicación es un método divino y, cuando se hace del modo que Dios quiere, es grandioso su poder.

sábado, mayo 23, 2009

6.07 - Conocer por experiencia lo que es ser victorioso

Las tremendas verdades bíblicas que los embajadores de Cristo proclaman nunca deben tornarse una teología enfadosa. Deben estar radiantes con la plena alegría del evangelio. Y para eso es necesario conocer por experiencia lo que es ser victorioso sobre el pecado y la muerte. De tal manera nos deben conmover los grandes hechos de la redención que los que nos oyen, sepan que nuestro propio corazón es un "pozo de aguas vivas" (Cantares 4:15).

Esta fue la característica de los testigos apostólicos. Tomad la nota de triunfo de los escritos de Pablo. Él vio la cruz ser iluminada por una gloria que irrumpía del sepulcro vacío.

Leed sobre la resurrección (1 Cor. 15). Ved como ese invencible evangelista proclama la certeza del evangelio. Él lo torna real, dando primero una lista de la negra y sombría perspectiva que habría si Cristo no hubiese resurgido de entre los muertos. "Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe" (vers. 13, 14). No tendríamos mensaje cristiano, no habría evangelio, no habría ninguna esperanza. La fe sería vana y nosotros todavía estaríamos en nuestros pecados (vers. 17). Y más: "los que dumieron en Cristo perecieron" (vers. 18).

Ciertamente este es un cuadro negro y trágico - no hay mensaje; la fe es vana; las esperanzas agotadas, frustradas, despedazadas. Entonces, levantándonos del dilema, contempladlo al alcanzar él las alturas de Dios. Vedlo con un pie en el demonio de la muerte y el otro sobre la sepultura.

Entonces poniendo en los labios la trompeta de Dios, toca un mensaje de esperanza para la raza perdida. "Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho". (vers. 20). Es una verdad que estremece al mundo, un mensaje que debe ser oído hasta los confines de la tierra. Todo fue perdido por el pecado, pero ahora todo es recuperado en Cristo. El mundo está redimido. La victoria es nuestra. La muerte no tiene más aguijón; la sepultura no tiene ninguna victoria. "Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados" (vers. 22). "Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo" (vers. 57).

Esto establece la norma para los mensajeros de hoy. Exaltad a Jesús. Mostrad como él penetró en los dominios del demonio; como estremeció los poderes de las tinieblas, como lanzó un puente sobre el abismo que había entre dos mundos y trajo a los cautivos del pecado eterna salvación.

Este es el evangelio, y este evangelio debe vibrar en el corazón de cada mensajero al salir a proclamar libertad a los cautivos, vista a los ciegos y libertad a los oprimidos. (ver Lucas 4:18).

martes, mayo 19, 2009

6.06 - Un mensaje de alegría

El Señor Jesucristo con amor perdonador sufrió por nosotros en la cruz. Y todo el que quiera puede tener vida, amor y perdón. Pero si sus representantes desean hacer con que su mensaje sea de buenas nuevas de salvación, ellos mismos deben vibrar con las buenas nuevas.

Una predicación oscura generalmente es el producto de una teología oscura. No es de oratoria que necesita el pueblo. Las frases pulidas y la retórica impecable son impotentes en si mismas para mover el corazón del hombre hacia Dios. El mero lenguaje puede, incluso, ser una barrera contra el evangelio. ("La letra mata, mas el espíritu vivifica" 2 Cor. 3:6). Pero cuando el corazón del predicador transborda la alegría de Jesús, el pueblo se alegrará y responderá, y si necesario, hasta perdonará sus errores gramaticales.

He leído sobre algunos eruditos que afirman que Pablo se confundía en asuntos gramaticales. Tal vez lo hiciese. Pero, ¿deberíamos censurarlo? Su mensaje era mayor que su griego. La salvación es mayor que cualquier lenguaje. Pero, oid a Pablo predicar, o leed sus escritos e inmediatamente reconoceréis que su mensaje viene directamente desde el trono de la gracia. Pablo vibra con el gozo del evangelio.

Debemos presentar con vigor y poder la eficacia de la sangre de Cristo al pueblo, para que su fe pueda apropiarse de sus méritos.

Notad la manera en que Isaías da su mensaje al pueblo:

"He aquí Dios es salvación mía; me aseguraré y no temeré; porque mi fortaleza y mi canción es JAH Jehová, quien ha sido salvación para mí. Sacaréis con gozo aguas de las fuentes de la salvación. Y diréis en aquel día: Cantad a Jehová, aclamad su nombre, haced célebres en los pueblos sus obras, recordad que su nombre es engrandecido. Cantad salmos a Jehová, porque ha hecho cosas magníficas; sea sabido esto por toda la tierra. Regocíjate y canta, oh moradora de Sion; porque grande es en medio de ti el Santo de Israel" (Isaías 12: 2-6).

El mensajero de Dios no es un anunciador de condenación, sino un Heraldo de Esperanza.

"Súbete sobre un monte alto, anunciadora de Sion; levanta fuertemente tu voz, anunciadora de Jerusalén; levántala, no temas; di a las ciudades de Judá: ¡Ved aquí al Dios vuestro!" (Isaías 40:9).

El propio heraldo debe vibrar con las buenas nuevas. Su propio corazón se debe inflamar al apelar a los hombres de las grandes y pequeñas ciudades para que contemplen a su Salvador. Si eso era verdad en los tiempos del Antiguo Testamento, ciertamente también lo es para los dias de hoy.

Cuanto más claramente el mensajero discernir a Cristo y apropiarse de su Espíritu, con tanto mayor poder predicará la verdad de la cual Cristo es el centro.

6.05 - La cruz: Tragedia y Triunfo - II

"Y él, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y en hebreo, Gólgota; y allí le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio" (Juan 19: 18). Aunque el relato sea sencillo, la escena es eternamente simbólica, pues toda la raza humana se divide en el Calvario.

Las escenas de la crucifixión ciertamente no eran desconocidas por Jesús. Probablemente él ya había contemplado muchas, pues era la manera común de Roma ejecutar a los condenados. Y, en sus enseñanzas, introdujo el pensamiento de que la vida crucificada es la base de la vida victoriosa.

La crucifixión, sin embargo, era una horrible tortura. No solamente era un violento esfuerzo físico, sino también una vergüenza moral. Era un símbolo de desgracia. Jesús tornó la crucifixión el símbolo de la muerte espiritual para el pecado, y habló acerca de el hombre tomar su cruz y seguirlo hasta la muerte.

Pero la crucifixión de nuestro Señor no fue una ejecución ordinaria. Su muerte fue una muerte sustitutiva. "Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados" Isaías 53: 5).

En esa escena somos participantes y no espectadores. Nosotros lo crucificamos. Fueron nuestros pecados los que lo crucificaron en la cruz, aunque fuesen los soldados romanos que golpearon los clavos. "Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él" (2 Cor. 5: 21). Él pagó la pena de los pecados y vergüenzas de todos los siglos. Sobre él cayó "el pecado de todos nosotros" (Isaías 53:6). Todos los pecados de la humanidad recayeron sobre él. Todos mis pecados... y todos tus pecados...

YO LO CRUCIFIQUÉ. TU LO CRUCIFICASTE. NOSOTROS LO CRUCIFICAMOS...

Él murió por los pecadores y en la compañía de pecadores. No fue crucificado solo. Tres cruces aparecían en aquel dia en el Gólgota. Tres hombres fueron crucificados juntos. Dos eran ladrones. Uno murió perdiendo la vida, despreciando la salvación. El otro murió recibiendo la vida, aceptando la salvación. Pero Jesús murió dando la vida, ofreciendo la salvación. "Yo doy mi vida - dijo él- para tomarla de nuevo. Nadie me la quita, sino que yo la doy de mi propia voluntad. Tengo autoridad para darla, y tengo autoridad para tomarla de nuevo. Este mandamiento recibí de mi Padre" (Juan 10: 17, 18).

6.04 - La cruz: Tragedia y Triunfo - I

La cruz fue una negra tragedia, pero también fue un glorioso triunfo. Fue un símbolo de vergüenza, pero se tornó un emblema de victoria. No perdamos la realidad en mero sentimentalismo.

Jesús fue realista. Enfrentó un mundo hostil porque representaba un reino muy diferente de aquel en que los hombre vivían. Al principio de su ministerio, habló acerca de el hombre tomar su cruz y seguir por el camino de la impopularidad hasta la muerte. En otra ocasión, declaró que la única manera de un hombre entrar en su reino era nacer en él. Sin la muerte y el renacimiento el hombre no podía siquiera ver el reino de Dios.

Pero el hombre no nace de nuevo sin agonía. Antes de la victoria de la vida, primero tiene que haber la tragedia de la muerte. La muerte del yo y del pecado. Y esa muerte debe ser voluntaria. No es de admirar que su mensaje despertara hostilidad, pues interrumpía la corriente del pensamiento secular. Algunas cosas eran verdaderamente "palabras duras". Incluso los discípulos descubrieron eso.

Jesús estableció nuevas formas de evaluación. El verdadero éxito, declaró, no puede ser medido por cuán alto alguien sube en el mundo; pues allí estaba el Creador y Juez de todos nosotros , descendiendo... cada vez más... sí, descendiendo hasta el criminoso. Sabía que su mensaje no era comprendido. Y no se sorprendió cuando notó que él mismo no era popular. Hasta los antiguos vecinos de Nazaret lo ridiculizaban.

Sabía cual sería su fin y lo predijo. Declaró a sus discípulos que sería rechazado por los líderes religiosos de aquellos dias y que ellos también lo abandonarían. Ciertamente eso debe haber sonado de modo extraño a los oídos de hombres que habían dedicado su vida a su causa. Habían dado la espalda a sus negocios y lanzado su suerte con un movimiento impopular. Pero todo lo que Jesús predijo vino a suceder.

Sigamos hasta la escena de la agonía y escuchemos su oración: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lucas 23:34). Y ese era el problema. Ellos no sabían. La turba no sabía. Judas no sabía (aunque debería saberlo). Caifás no sabía (y ciertamente debería saberlo). Pilatos no sabía. Los discípulos no sabían... Nadie sabía. Parecía que una ceguera moral universal prevalecía en aquel dia terrible. Solamente Jesús sabía la significación de lo que estaba sucediendo.

La cruz fue el lugar de un conflicto terrible. Rugía la batalla, pero la victoria fue ganada por la muerte y ahora la cruz se torna el símbolo de la poderosa conquista. En la cruz vemos al Hombre en sus mejores condiciones, y al hombre en sus peores condiciones. Y más, vemos también a Dios enfrentando el problema con un poderoso manifiesto de inagotable amor. Jesús lo expresaba así: "Padre, perdónalos".

Y no fue una o dos veces. El verbo "decir" en el texto griego está en el aoristo imperfecto (que indica una acción continua -constante y perseverante- en el tiempo pasado) significando: "Jesús repetía continuamente: Padre, perdónalos". Durante aquellas terribles horas de agonía e insulto Jesús permaneció orando por perdón para sus enemigos. A través del abismo que lo separaba de sus crucificadores, lanzó un puente de reconciliación. Fue esta la respuesta de Dios a aquel acto terrible.

Jesús podía haber extendido su brazo y tomado de la espada del Omnipotente, lanzando a aquellos perseguidores en la perdición. Con una palabra podía él haber reducido a pedazos a sus crucificadores. En vez de eso, sin embargo, pronunció palabras de perdón. Perdón pleno, gratuito, eterno.

domingo, mayo 17, 2009

6.03 - Toda la Biblia es una revelación de Cristo

"Y el Padre que me envió, ése ha dado testimonio de mí. Pero no habéis oído jamás su voz ni habéis visto su apariencia. Y su palabra no la tenéis morando en vosotros, porque no creéis en aquel que El envió. Examináis las Escrituras porque vosotros pensáis que en ellas tenéis vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida." (Juan 5: 37-40. La Biblia de las Américas - LBLA)

En toda página, sea de historia, preceptos o profecía, las Escrituras del Antiguo Testamento irradian la gloria del Hijo de Dios. Por cuanto era de institución divina, todo el sistema del judaísmo era una profecía compacta del Evangelio. Acerca de Cristo "dan testimonio todos los profetas" (Hechos 10:43).

Desde la promesa hecha a Adán, descendiendo por el linaje patriarcal y la dispensación legal, la gloriosa luz del cielo delineó claramente las pisadas del Redentor. Los videntes contemplaron la estrella de Belén, el Shiloh venidero, mientras las cosas futuras pasaban delante de ellos en misteriosa procesión. En todo sacrificio, se revelaba la muerte de Cristo. En toda nube de incienso, ascendía su justicia. Toda trompeta del jubileo hacía repercutir su nombre. En el tremendo misterio del santo de los santos, moraba su gloria.

Los judíos poseían las Escrituras, y suponían que en el mero conocimiento externo de la palabra tenían vida eterna. Pero Jesús dijo: " su palabra no la tenéis morando en vosotros". "y no queréis venir a mí para que tengáis vida". Habiendo rechazado a Cristo en su palabra, le rechazaron en persona.

Los dirigentes judíos habían estudiado las enseñanzas de los profetas acerca del reino del Mesías; pero lo habían hecho, no con un sincero deseo de conocer la verdad, sino con el propósito de hallar evidencia con que sostener sus ambiciosas esperanzas. Cuando Cristo vino de una manera contraria a sus expectativas, no quisieron recibirle; y a fin de justificarse, trataron de probar que era un impostor. Una vez que hubieron asentado los pies en esta senda, fue fácil para Satanás fortalecer su oposición a Cristo. Interpretaron contra él las mismas palabras que deberían haber recibido como evidencia de su divinidad. Así trocaron la verdad de Dios en mentira, y cuanto más directamente les hablaba el Salvador en sus obras de misericordia, más resueltos estaban a resistir la luz.

El reconocimiento de esto siempre nos inspirará a un estudio mas profundo de la Palabra de Dios. Hay una antigua máxima que dice: "Todos los caminos llevan a Roma" colocando la capital romana como centro de atención e importancia. Así, en las Escrituras, cada texto llevará finalmente a Cristo, que es el centro, el sublime objetivo de ellas.

Al examinar las Escrituras en busca de más fuertes argumentos en apoyo de la verdad doctrinaria, procura constantemente conceptos más claros del Cristo salvador, que es la verdad. Procura al Hombre Cristo Jesús. Y lo encontrarás en cada página de la Escritura, esculpido en cada historia bíblica.

"Ellas son las que dan testimonio de mí" dijo Jesús. Y, verdaderamente de Él testifican las Escrituras – de su gracia salvadora, su amor perdonador, de su Espíritu que santifica. Y cuando nuestra predicación esté centralizada en el Salvador, cuando nuestro énfasis sea dado a Cristo y a la Cruz, entonces, y sólo entonces, nuestra predicación será poderosa.

sábado, mayo 16, 2009

6.02 - Exaltad a Jesús

El tema central de la Biblia, el tema alrededor del cual giran todos los otros es el tema de la redención, la restauración de la imagen de Dios en el ser humano. Desde la primera insinuación de esperanza que se hizo en la sentencia pronunciada en el Edén (Gen. 3: 15), hasta la gloriosa promesa del Apocalipsis: "Y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes" (Apo. 22:4), el propósito de cada libro y pasaje de la Biblia es el desarrollo de este maravilloso tema: La elevación del hombre, i.e. el poder de Dios "que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo" (1 Cor. 15: 57).

"Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra. En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo. En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria". (Efesios 1: 3-14)

Nos fue dada la comisión de tornar bien claros los grandes hechos de la redención. La redención que comenzó en la mente de Dios, en algun momento de la eternidad, y que será completa cuando el pecado será finalmente borrado del universo. La redención y sus grandes temas: la encarnación de Cristo, su sacrificio, su ministerio sacerdotal en el santo de los santos, nuestra santificación y obediencia por medio de su Espíritu que habita en nosotros, el poder, el propósito y la inminencia del regreso de nuestro Señor, la aniquilación del reino de las tinieblas, la restauración al reino eterno de gloria, la eterna comunión en la familia del cielo...

En la cruz, vemos a Dios hacer el supremo sacrificio a favor del hombre, y no el hombre a favor de Dios. Antes de pedirnos que hagamos alguna cosa por él, Dios ya hizo algo por nosotros. Y lo hizo delante de la más acérrima hostilidad del hombre. Esas maravillosas nuevas, ese amor infinito, es el propio corazón del evangelio. Y ese es el evangelio que debemos presentar al mundo.

El evangelio no es sólo un adorno que debe ser acrecentado como una especie de "condimento" al final de un sermón; debe ser el fundamento de cada sermón. Nunca debes predicar un sermón sin presentar como base del evangelio a Cristo y a él crucificado.

Cuando predicamos, nuestro mensaje debe ser tan lleno de Cristo que el pueblo sea llevado a contemplar al "Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" en cada pensamiento presentado.

"Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención" (1 Cor. 1:30).

viernes, mayo 15, 2009

6.01 - Predicamos a Cristo crucificado (1 Cor. 1:23)

Toda religión falsa y toda perversión del cristianismo enseñan alguna forma de buenas obras como calificativo para ser recibido por Dios. La salvación -según ellos- es una recompensa de una vida buena.

Pero el verdadero cristianismo revela que la bondad humana no acrecenta absolutamente nada a lo que YA nos fue dado libremente en la salvación consumada y perfecta que por nosotros fue realizada en la cruz.

"Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. (Efesios 2:8, 9).

La obra de la gracia es doble. Nos salva de los pecados pasados y nos lleva a una vida de santificación y santidad.

Las buenas obras son la evidencia de la salvación y no la causa o la base de la salvación
.

La gracia de Dios primero nos torna hijos de Dios y, entonces, nos enseña a andar de manera digna de esa elevada vocación.

La gracia nos lleva a negar la impiedad y las concupiscencias mundanas.

La gracia nos inicia en el camino cristiano, y solamente la gracia terminará la obra de Dios en nuestro corazón.

Todo lo que ahora somos, y todo lo que lleguemos a ser, es de la gracia.

La salvación produce buenas obras, pero las buenas obras jamás podrán producir salvación.

No podemos merecer la salvación; ella es gratuita. La salvación nos viene por medio de Jesucristo en cuya justicia, solamente, somos recibidos. Esto es el evangelio.

jueves, agosto 09, 2007

5.11 - Y no cayó, porque estaba fundada sobre la Roca

Toda iglesia que deliberadamente descuide o rechace cualquier parte de la Palabra de Dios está en grave peligro de apostatar. La acusación frecuente de Dios contra los que profesan ser su pueblo en la Biblia es que ellos no han obedecido su voz. Deploramos el descuido o rechazo de cualquier doctrina bíblica hecho mientras, al mismo tiempo, se pretende aceptar a Cristo como Salvador y Señor.

Tratemos por todos los medios de hacer vivir al cristianismo. Pero en el momento en que uno hace esto, uno descubre las normas y verdades que hacen inevitable la doctrina. No se gana nada con invitar a los hombres a vivir vidas correctas a menos que ellos acepten obedecer la divina ley de Dios. No se consigue nada insistiéndole a la gente que siga a Cristo a menos que ellos reconozcan la necesidad de guardar sus mandamientos.

"No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad. Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca" (Mateo 7: 21-25).

Estas palabras nos parecen increíbles y difíciles de aceptar. Pero nuestro Señor fue quien las pronunció. Él declaró que muchas de las personas que finalmente serán lanzadas a las tinieblas de afuera serán las que han predicado y enseñados desde los púlpitos sagrados en las iglesias y las que han estado sentadas, escuchando, en los asientos.

domingo, agosto 05, 2007

5.10 - Una comunión más estrecha con Cristo supone una comprensión más sólida de la sana doctrina

Las verdades de la Biblia tienen significación para los hombres de todas las épocas porque constituyen la verdad eterna y fija de Dios. Ningún cristiano puede permitirse el lujo de vivir en armonía con lo que parece ser correcto a sus ojos y a su experiencia. Solamente la verdad revelada que procede de Dios es capaz de desarrollar una experiencia en armonía con Dios.

Con Jesucristo no hubo conflicto entre afirmaciones doctrinarias y el experimentar la verdad bíblica. Jesús se sintió abrumado de compasión cuando vio las multitudes descuidadas. En respuesta a sus necesidades, él comenzó a enseñarles muchas cosas. No solamente las encontró y favoreció, sino que también les habló. Las instruyó. Les trajo luz y sanidad. No solamente las hizo sentirse bien, también alimentó la mente. Antes de su partida le ordenó a sus discípulos que hicieran lo mismo:

"Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones... enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo" (Mateo 28: 19-20).

No hay evidencia ninguna que la doctrina cristiana sea un obstáculo para la vida cristiana. Al contrario, una comunión más estrecha con Cristo supone una comprensión más sólida de la sana doctrina.

En cuanto al Decálogo, Cristo no dijo: "Las enseñanzas de los diez mandamientos ya no tienen vigencia desde que yo vine. Si ustedes me tienen a mí, ya no necesitan de la ley de Dios". En cuanto al sexto mandamiento él prohibió también el espíritu de odio que llevaría al asesinato. Él no negó la vigencia del séptimo mandamiento contra el adulterio, sino que inclusive prohibió hasta la intención concupiscente.

Jesucristo es el único fundamento seguro:

"Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará" (1 Corintios 3: 11-13 ).

No puede ser indiferente el que la sobreestructura que pretendemos construir sobre este fundamento sea de piedras costosas o de paja. La entrega a Cristo no aleja más el cristiano de la doctrina bíblica. Lo fundamenta en ella. Cristo es la verdad. Él habla la verdad. Él enseña la verdad. Esta es la herencia del cristiano. La entrega a Cristo viene en primer lugar. Si la relación de uno con Cristo es equivocada, entonces ninguna relación con doctrinas puede ser correcta.

"Y se maravillaban los judíos, diciendo: ¿Cómo sabe éste letras, sin haber estudiado? Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió. El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta" (Juan 7: 15-17).

"Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos" (Hebreos 13: 8).

"No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos. Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos" (Mateo 5: 17-20).

"Mas la que cayó en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia" (Lucas 8: 15).

"El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida... El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero. Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar. Y sé que su mandamiento es vida eterna. Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho" (Juan 6: 63; 12: 48-50 ).

"Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados" (Romanos 6: 17).

lunes, julio 30, 2007

5.09 - ¿Cómo puede el hombre saber que aquello a lo cual se entrega es realmente la verdad?

Las doctrinas son los aspectos formalizados de la fe. Apuntan hacia el Dios viviente. Los que se ocupan de la religión tienen razón al advertir contra el intelectualismo abstracto. No puede exagerarse lo vital que es decidir en favor de Cristo y de su palabra y entregarse plenamente a él.

Pero, ¿cómo puede el hombre saber que aquello a lo cual se entrega es realmente la verdad?

La Biblia les habla a los hombres acerca del verdadero Dios, les dice quién es, lo que él ha hecho para salvar al hombre, lo que hará y lo que él requiere que crean y hagan los hombres. Este es el contenido de la verdad que ha sido dado en cuanto a doctrina y conocimiento se refiere. Dios, mediante el poder y la presencia del Espíritu Santo, se dirige personalmente al hombre. Él pide una respuesta personal inteligente, una entrega en armonía con las enseñanzas reveladas en la Palabra de Dios.

La verdadera experiencia cristiana requiere obediencia a lo que es dado como doctrina y enseñado así en la Biblia. El conocimiento de la verdad bíblica requiere más que el mero pensamiento. Exige que el hombre ponga su vida entera en armonía con las verdades divinas de la Palabra de Dios.

Sin creer en las enseñanzas y verdades de la Palabra de Dios, la experiencia cristiana se reduce a un sentimiento subjetivo del corazón. Donde Dios nada dice en términos de sana doctrina, no hay manera de saber cuál es realmente la verdad. Existe aquí el peligro de que el hombre se identifique con lo falso.

Por ejemplo: Daniel profetizó acerca de un poder apóstata que pensaría "en cambiar los tiempos y la ley" (Daniel 7: 25). ¿Cómo puede saber uno qué ley debe obedecer si no es mediante la Palabra de Dios? El apóstol Juan profetizó acerca de un poder adúltero, Babilonia la grande, que haría "beber a todas las naciones del vino -de doctrinas falsas- del furor de su fornicación" y haría que el mundo adorase a la bestia y a su imagen y recibiese su marca (Apocalipsis 13: 14-17; 18: 2-4).

En su carta a Timoteo, Pablo advirtió a la iglesia:

"Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas" (2 Timoteo 4: 3-4).

Hablando acerca del tiempo del fin Cristo dijo:

"Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos" (Mateo 24: 24).

¿Cómo puede el cristiano estar seguro de que él no será tambien engañado? Es obvio que el no puede confiar en ningún hombre. Su único punto de referencia está en la Palabra de Dios.

A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido" (Isaías 8: 20).

sábado, julio 14, 2007

5.08 - La verdad no depende, para ser válida, de la experiencia del hombre sino de lo que Dios ha revelado en su Palabra

Hoy hay tanto indiferencia como oposición a la doctrina. Algunos dicen que lo esencial es Jesucristo. Se proclama: "Volvamos a Cristo". Creo que todo cristiano está de acuerdo con esto. No hay iglesia ni religión que pueda llamarse cristiana que no centre su doctrina y su vida en Jesucristo.

A menudo hay quienes profesan ser cristianos que son inducidos a creer que la preocupación en cuanto a la doctrina produce frialdad en la religión y pérdida en la experiencia cristiana. Se dice que el cristianismo no es un credo sino una vida. Nadie discute esto. Al mismo tiempo, la afirmación puede ser muy engañosa, especialmente cuando estas consignas son usadas para rebajar el contenido racional y las enseñanzas de la Palabra de Dios.

Se tiende a poner a la doctrina y a la experiencia cristiana en mutua oposición. El exclamar: "Abajo la doctrina; volvamos a Cristo" es tan sensato como decir: "Abajo la botánica; volvamos a las flores"; "Abajo la teología, volvamos a Dios". La doctrina y la experiencia cristiana van juntas.

Los peligros de esta clase de enfoque no se disciernen fácilmente. Los hombres se satisfacen con un asentimiento mental a la religión sin una entrega personal. A menudo la iglesia se ha preocupado más de la certidumbre racional que de la verdad viviente. Ha operado por largo tiempo en el contexto de ideas y doctrinas, dándole prioridad a declaraciones formales hechas por la iglesia.

Es posible contestar muchas preguntas acerca de la religión sin llegar a estar personalmente comprometido. En el juego de palabras e ideas es posible reducir a Dios a sólo una idea. El esfuerzo de formular un sistema lógico de doctrina puede no llevar al hombre a parte alguna. De ahí que el clamor por una fe que debe ser vivida mas bien que conocida. Se hace un contraste entre ser participante y ser espectador.

La verdad centrada en Cristo es lo que todos los hombres necesitan. La experiencia cristiana es más que doctrina. Pero la pregunta crucial es cómo llegar a la verdad. ¿Cómo sabe uno si la experiencia que pretende tener corresponde realmente con la verdad de Dios? ¿En qué punto son los hombres realmente confrontados con la verdad? ¿Cuándo llega a estar la experiencia del hombre de acuerdo con la verdad?

Una de las tendencias peligrosas de nuestros días es la renuncia del hombre a ser atado por el caracter normativo de la Palabra de Dios. Aceptamos que la doctrina en cuanto a Cristo no es Cristo; que la doctrina en cuanto al hombre no es el hombre. Es obvio que la doctrina en cuanto a Dios no es Dios. Dios no es idéntico con la doctrina. La doctrina de la salvación no es lo mismo que experimentar la salvación. Pero las enseñanzas bíblicas sobre estas verdades son anteriores a una experiencia verdadera.

La verdad no depende, para ser válida, de la experiencia del hombre sino de lo que Dios ha revelado en su Palabra.

La doctrina de Pablo acerca de la justificación por la fe en el libro de Romanos no es igual a la experiencia del cristiano sobre ella. Sin embargo la experiencia del cristiano es probada por la enseñanza bíblica en cuanto a ella.

En ninguna parte deja Dios que el hombre pecador ande a tientas en torno de sí mismo en procura de la verdad. En todos los casos el Espíritu Santo habla y enseña y se mueve a través de estas verdades bíblicas para tornar genuina y significativa esa experiencia cristiana. La verdad es tanto doctrinal como personal.

miércoles, julio 11, 2007

5.07 - Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina

Uno de los grandes peligros de la iglesia en estos últimos días es la carencia de una sana doctrina.

La palabra griega traducida como "doctrina" es διδασκαλια [didaskalia] o "enseñanza". Las Escrituras son la base de la sana doctrina o enseñanza del conocimiento doctrinal de las cosas divinas. Las doctrinas bíblicas son las verdades fundamentales de la Biblia dispuestas generalmente de manera sistemática. La mente está organizada de tal manera que necesita ver las verdades bíblicas de manera ordenada. Generalmente se piensa que las doctrinas bíblicas son conceptos intelectuales en contraste con la verdad de la experiencia y de la práctica.

La Biblia es la Palabra de Dios y por lo tanto la verdad de Dios. Contiene poco que pueda ser llamado doctrina en el sentido sistemático. Raras veces ha presentado alguno de los escritores bíblicos un estudio sistematizado de alguna doctrina en particular. Por ejemplo, no hay bosquejo alguno o argumentación respecto de grandes verdades tales como la segunda venida de Cristo, el estado de los muertos, inclusive acerca de la salvación y muchas otras. El estudio que hace Pablo sobre la justificación por la fe en el libro de Romanos es el que más se acerca a esto.

Sin embargo, hay una seria preocupación en cuanto a lo que es verdad y la sana doctrina. El hecho de que los escritores bíblicos no hubiesen escrito un libro de texto de doctrinas bíblicas no significa que ellos eran descuidados en cuanto a las verdades y enseñanzas de la Biblia. La historia de la iglesia cristiana revela los conflictos que surgieron dondequiera que la iglesia cristiana se separó de las enseñanzas bíblicas y enseñó el error. La iglesia ha encontrado que le es ventajoso defender su posición mediante un sistema organizado de sana doctrina.

Vez tras vez las Escrituras insisten en la necesidad de que la iglesia y el cristiano sigan la sana doctrina:

"Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina (διδασκαλια [didaskalia])... en la enseñanza (διδασκαλια [didaskalia]) mostrando integridad" (Tito 2: 1, 7).

Cuando las Escrituras hablan de "buena doctrina" (1 Timoteo 4: 6) y "sana doctrina" (1 Timoteo 1: 10; 2 Timoteo 4: 3), en oposición a "mandamientos de hombres" (Mateo 15: 9) y "doctrinas de demonios (1 Timoteo 4: 1), no están diciendo que hay maneras diferentes de enseñar la misma cosa o que la doctrina no es importante, sino que estas son enseñanzas antagónicas.

La diferencia es vital para la experiencia cristiana. Cada cristiano y cada iglesia tiene la responsabilidad de preguntar ¿Qué es verdad? ¿Qué es sana doctrina? La iglesia debe hacer uso de su papel como maestra de la verdad y de la sana doctrina. Ella debe retener "la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen" (Tito 1: 9).

"Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina" (Tito 2: 1).

jueves, julio 05, 2007

5.06 - La iglesia no es algo que los hombres hacen...

Algunas de la palabras más importantes y animadoras de la Biblia son las que Dios dirige a su iglesia de los últimos días, la iglesia remanente:

"Entonces el dragón se llenó de ira contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo" (Apocalipsis 12: 17).

"Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús" (Apocalipsis 14: 12).

"Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años" (Apocalipsis 20: 4).

Realmente vale la pena que los hombres reconozcan que Dios les ha hablado, a fin de que puedan entender claramente y aplicar su verdad a sus propias vidas.

La Palabra de Dios debe actuar libremente en la iglesia remanente. El gran día del refrigerio de la presencia del Señor está cercano. "Tu pueblo se te ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder" (Salmo 110: 3).

La verdadera iglesia probará que es el pueblo de Dios mediante su obediencia a sus mandamientos y su testimonio viviente en favor de Jesucristo. En la verdadera iglesia los miembros entienden y obedecen la verdad de Dios.

Esta lealtad es aceptada alegremente por causa del don de la salvación.

La iglesia no es algo que los hombres hacen. Es algo que Dios hace mediante el poder de su Espíritu que la dirige a toda verdad. Esta es la iglesia en que los hombres pueden confiar, una iglesia probada por la Palabra de Dios y el Cristo vivente, y no hallada en falta.

Sin esta prueba ninguna iglesia, no importa cuán grande sea, puede ser digna de confianza. Cuando la iglesia constantemente avance con fe y amor proclamando y haciendo la voluntad de Dios como resultado de su lealtad completa a su Señor, será llena de poder y las puertas de infierno no prevalecerán contra ella.

miércoles, julio 04, 2007

5.05 - El hacer discípulos de Cristo no es un concurso de popularidad

Cualquier iglesia puede apartarse tanto de la verdad que su mismo mensaje se transforme en tinieblas.

Su mismo ritual, sus proclamaciones formales y su culto, son solamente un disfraz y una falsificación que ocultan su alejamiento de la fe.

Muchos de los que asisten a las iglesias hoy han llegado a creer en la iglesia a la cual asisten sin conocer ni examinar cuán verdadera es la posición de esa iglesia, o si ellos mismos están realmente viviendo en obediencia a la voluntad revelada de Dios.

El alejamiento de la Palabra de parte de cualquier iglesia es tan serio como el alejamiento de las normas correctas en asuntos morales en nuestro mundo de hoy.

El ser verdaderamente un creyente significa estar totalmente identificado con la plena luz de la verdad que se encuentra en Cristo y en su Palabra.

Ningún cristiano puede permitirse el lujo de confrontar la verdad de Dios y luego rehusar ver y oír porque la Palabra ataca su propia voluntad egoísta, o porque él no quiere discordar con la iglesia de la cual es miembro. El hacer discípulos de Cristo no es un concurso de popularidad. Sólo el remanente permanece con Cristo. La mayoría toma el camino ancho que lleva a la destrucción.

Nadie puede permitirse el lujo de tranquilizar su conciencia uniéndose a cualquier iglesia sólo para evitar tener que escoger por sí mismo la verdad ante Dios.

La verdadera iglesia continuamente guiará a sus seguidores a la luz de Dios, que "va en aumento hasta que el día es perfecto" (Proverbios 4: 18). De esta manera la iglesia está constantemente ganando la victoria sobre las fuerzas del error y las tinieblas.

domingo, julio 01, 2007

5.04 - ¿Puede una iglesia conducir al error mientras sus miembros pretenden creer en la verdad?

Vez tras vez la Palabra de Dios ha sido maltratada. Los hombres han levantado sus propias tradiciones contra la verdad de Dios. Jesús reconoció este alejamiento de la verdad de Dios y advirtió:

"Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres: los lavamientos de los jarros y de los vasos de beber; y hacéis otras muchas cosas semejantes. Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición" (Marcos 7: 7-9).

Por lo tanto todas las iglesias, no importa qué tamaño o categoría tengan, necesitan probarse a sí mismas continuamente mediante esa norma dada de verdad, las Sagradas Escrituras. No puede haber excusas aquí si la iglesia ha de permanecer leal a su Señor.

Cuando decimos que Cristo instituyó la iglesia cristiana, no queremos decir que él creó una organización y luego la dejó para ser manejada por pastores, obispos y arzobispos. Cristo siempre es el Señor y donde el Espíritu dirige, la iglesia tiene que ser conducida a la verdad. Cristo jamás negaría las Escrituras: El mismo declaró: "la Escritura no puede ser quebrantada" (Juan 10: 35).

Cristo deja muy en claro que el aceptar y el obedecer su Palabra revelada es una prueba del discipulado:

"Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres" (Juan 8: 31-32).

Siendo así las cosas, los hombres se encontrarán a sí mismos a favor de Dios o en contra de Dios.

El peligro que enfrenta la iglesia es la posibilidad de que ella se aparte de las Escrituras, y así, en consecuencia, engañe a sus propios seguidores. Así los hombres pueden ser conducidos al error, mientras que, al mismo tiempo, pretenden creer en la verdad.

Por esta razón ninguna iglesia puede por propia autoridad declarar que el hombre está "en la verdad" o está "salvado". Solamente Dios puede hacer esto. Solamente la Palabra de Dios puede revelar la verdad y distinguirla del error.

Todo el que profesa ser cristiano es personalmente responsable de hacerse las preguntas que corresponden:

¿Quiero realmente yo conocer la verdad?

¿Planeo seriamente obedecer la verdad revelada en la Palabra de Dios?

Mediante las Sagradas Escrituras Dios ha proporcionado todo lo que se necesita para dirigir a los pecadores hacia la luz. La palabra de verdad es la luz que brilla en las tinieblas de este mundo. Está a disposición de todos los que la leen y la estudian.

"El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios" (Juan 7: 17).

Esta es la responsabilidad del hombre, no importa de qué iglesia sea miembro.

Todo ministro, igualmente, de toda denominación tiene la obligación sagrada de aprender la verdad y de guiar a sus oyentes al camino de la verdad. Sólo cuando los hombres son confrontados así es cuando dicen SÍ o NO a Dios.

viernes, junio 29, 2007

5.03 - ¿En qué iglesia se puede realmente confiar?

Nadie puede negar que Dios tiene hijos en todo conjunto de creyentes cristianos. Jesús dijo:

"También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor" (Juan 10: 16).

Si esto es así, ¿puede ser tan importante la respuesta a la pregunta: ¿Cuál es la iglesia verdadera?

En realidad no es esto lo que quiero discutir aquí. A mucha gente le resulta dificil comprender y aceptar esto. Comienzan con una idea equivocada en cuanto a lo que se espera que sea un verdadero discípulo de Cristo. La iglesia verdadera debe dejar muy claro lo que significa ser un discípulo leal de Cristo. Esto no equivale a repetir el credo de los apóstoles.

La iglesia verdadera comienza con Cristo: "Y sobre esta roca edificaré mi iglesia" (Mateo 16: 18). Este es el punto de partida del creyente. Jesús no pide que se haga una contribución financiera a empresas religiosas, ni siquiera que se tenga una vida moralmente respetable. El problema es el de lograr una entrega total a Jesucristo y a la verdad revelada de Dios. Toda iglesia tiene que ser probada por esto.

¿Revelan las Sagradas Escrituras cuál es la iglesia que se ha entregado totalmente a la voluntad de Dios? ¿Guía la iglesia a sus adherentes a la verdad que hay en Cristo y en la Biblia? Cristo prometió llevar a su iglesia a la unidad basada en la verdad mediante la obra del Espíritu Santo:

"Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber" (Juan 16: 12-14).

Dios tiene el propósito de comunicarle al mundo, mediante su iglesia, la revelación de sí mismo, de su carácter, su verdad, amor y misericordia. La iglesia no puede ser verdaderamente la iglesia hasta que cumpla con ese propósito. El hablar de sucesión apostólica es aceptable siempre que esta sucesión signifique lealtad a toda la verdad de la Palabra de Dios. Sin esa lealtad no tenemos nada más que una demanda egoísta de privilegios y autoridad eclesiáticos.

La iglesia necesita orar: "Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra" (Mateo 6: 10); y luego hacer posible el cumplimiento de esa oración mediante la investigación de las Escrituras para descubrir la voluntad de Dios en la doctrina, en la fe, en la moral, y en la vida cristiana. La diferencia entre la iglesia verdadera y la iglesia falsa está justamente en esto.

Una brújula va a señalar siempre de manera natural hacia el polo magnético a menos que se la haya dañado. La verdadera iglesia de Dios, señalará hacia el polo magnético de la verdad que se encuentra en la Biblia. Cuando una iglesia no pasa esta prueba, niega la fe dada una vez a los santos. A través de su historia la iglesia ha sido atacada continuamente en este punto. Satanás ha tenido buen éxito vez tras vez en lograr que la iglesia se aparte de la verdad bíblica.

La pregunta vital es: ¿En qué iglesia se puede realmente confiar?
La respuesta es inequívoca: en la iglesia que confiesa la verdad de Cristo y de la viviente Palabra de Dios.

Las preguntas que debes hacerte hoy son: ¿Puedo confiar en mi iglesia como guía segura en asuntos de fe y doctrina? ¿Es mi iglesia leal a la Palabra de Dios en todo sentido?

jueves, junio 28, 2007

5.02 - ¿En qué es lo que usted cree?

Jorge Whitefield, en Inglaterra, al predicar para los mineros, cierto día le preguntó a uno de ellos: "¿En qué es lo que usted cree?".

-¡Oh! - exclamó el minero - yo creo en aquello que la iglesia enseña.

Pero el evangelista preguntó: -"¿Qué es lo que su iglesia enseña?

- Bien, -dijo el minero- la iglesia enseña lo que yo creo.

Whitefield entonces preguntó: "¿En que usted y su iglesia creen?

- ¡Ah! - dijo el minero- ¡La iglesia y yo creemos en la misma cosa!

¿Te parece que la fe de ese hombre era una fe inteligente?

martes, junio 26, 2007

5.01 - La peor de las locuras

La iglesia es llamada el cuerpo de Cristo:

"Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular" (1 Corintios 12: 27). El cuerpo incluye a todos los cristianos verdadero, vivos o muertos. Son parte de Cristo, la Cabeza viviente.

Cristo afirma que él tiene una iglesia en este mundo. Afirma que contra su iglesia "las puertas del Hades no prevalecerán".

"Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella" (Mateo 16: 16-18).

Acá tenemos una promesa divina de que su iglesia prevalecerá contra toda oposición. Por lo tanto no debiera ser dificil saber cuál es la iglesia de Cristo y así unirse a ella.

Pero, ¿cuál es la iglesia verdadera?

¿A cuál de la iglesias reconocería Jesús hoy como la iglesia victoriosa contra los poderes de las tinieblas?

¿Pertenecen a esa única iglesia verdadera todas las organizaciones religiosas y denominaciones?

Todas las iglesias pretenden tener la verdad que indica el camino hacia el reino de Dios y la vida eterna. Pero ¿la tienen realmente todas?

Hay mucha religión barata en este mundo. Es posible que haya una falsificación.

Es muy importante la clase de iglesia que uno escoge. Es posible que una iglesia se alíe con fuerzas que se oponen a la verdad de Dios, mientras que profesa enseñarla y proclamarla. Cuando esto ocurre, los hombres en realidad adoran y sirven a doctrinas de hombres y a productos del pensamiento y de las opiniones de hombres.

Siendo que está en juego la salvación del hombre, él debiera estar seguro del camino que está tomando. El permitir que uno sea engañado en asuntos de esta naturaleza es la peor de las locuras.

sábado, junio 02, 2007

4.02 - ¿ES LA HISTORIA DE TU VIDA?

"También dijo: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente" (Lucas 15: 11-13).

Este hijo menor se había cansado de la sujeción a que estaba sometido en la casa de su padre. Le parecía que se le restringía su libertad. Interpretaba mal el amor y cuidado que le prodigaba su padre, y decidió seguir los dictados de su propia inclinación.

El joven no reconoce ninguna obligación hacia su padre, ni expresa gratitud; no obstante reclama el privilegio de un hijo en la participación de los bienes de su padre. Desea recibir ahora la herencia que le correspondería a la muerte de su padre. Está empeñado en gozar del presente, y no se preocupa de lo futuro.

Habiendo obtenido su patrimonio, fue "a una provincia apartada", lejos de la casa de su padre. Teniendo dinero en abundancia y libertad para hacer lo que le place, se lisonjea de haber logrado el deseo de su corazón. No hay quien le diga: No hagas esto, porque será perjudicial para ti; o: Haz esto porque es recto.

Las malas compañías le ayudan a hundirse cada vez más profundamente en el pecado, y desperdicia "su hacienda viviendo perdidamente".

La Biblia habla de hombres que "profesando ser sabios, se hicieron necios" (Romanos 1: 22) y éste es el caso del joven de la parábola.

Despilfarra la riqueza que egoístamente reclamó de su padre. Malgasta el tesoro de su virilidad. Los preciosos años de vida, la fuerza del intelecto, las brillantes visiones de la juventud, las aspiraciones espirituales, todos son consumidos.

Sobreviene una gran hambre; él comienza a sentir necesidad y se llega a uno de los ciudadanos de aquel país, quien lo envía al campo a apacentar cerdos. Para un judío ésta era la más mezquina y degradante de las ocupaciones.

El joven que se había jactado de su libertad, ahora se encuentra esclavo. Está sometido al peor de los yugos: "retenido... con las cuerdas de su pecado" (Proverbio 5: 22).

El esplendor y el brillo que lo ofuscaron han desaparecido, y siente el peso de su cadena.

Sentado en el suelo de aquella tierra desolada y azotada por el hambre, sin otra compañía que los cerdos, se resigna a saciarse con los desperdicios con que se alimentan las bestias.

No conserva la amistad de ninguno de los alegres compañeros que lo rodeaban en sus días de prosperidad y comían y bebían a costa suya. ¿Dónde está ahora su gozo desenfrenado?

Tranquilizando su conciencia, amodorrando su sensibilidad, se creyó feliz; pero ahora, sin dinero, sufriendo de hambre, con su orgullo humillado, con su naturaleza moral empequeñecida, con su voluntad debilitada e indigna de confianza, con sus mejores sentimientos aparentemente muertos, es el más desventurado de los mortales.

viernes, junio 01, 2007

4.01 - Solo... en los sequedales en el desierto

"También dijo: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente" (Lucas 15:11-13).

¡Qué cuadro se presenta aquí de la condición del pecador!

Aunque rodeado de las bendiciones del amor divino, no hay nada que el pecador, empeñado en la complacencia propia y los placeres pecaminosos, desee tanto como la separación de Dios.

Pretende que las cosas buenas de Dios le pertenecen por derecho. Las recibe como una cosa natural, sin expresar agradecimiento ni prestar ningún servicio de amor.

Así como Caín salió de la presencia del Señor para la "tierra de Nod" ¹ (Génesis 4:16); así como el pródigo vagó por "una provincia apartada" (Lucas 15:13), así los pecadores buscan la felicidad en el olvido de Dios.

"Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entegó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las pactican". (Romanos 1: 28-32).

Cualquiera sea su apariencia, toda vida cuyo centro es el yo, está arruinada.

Quienquiera que intente vivir lejos de Dios, está malgastando su sustancia, desperdiciando los años mejores, las facultades de la mente, el corazón y el alma, y labrando su propia bancarrota para la eternidad.

El hombre que se separa de Dios para servirse a sí mismo, es esclavo de Mammón.

La gente que Dios creó para asociarse con los ángeles, ha llegado a degradarse en el servicio de lo terreno y animal. Este es el fin al cual conduce el servicio del yo.

Si escogiste una vida tal, necesitas saber que estás gastando dinero en aquello que no es pan, y trabajando por lo que no satisface.

Llegarán horas cuando te darás cuenta de tu degradación. Solo en la provincia apartada, sientes tu miseria, y en tu desesperación clamas:

Miserable hombre de mí! ¿quién me librará del cuerpo de esta muerte?" (Romanos 7: 24).

Las palabras del profeta contienen la declaración de una verdad universal cuando dice:

"Maldito el hombre que confía en el hombre, y pone carne por su brazo y su corazón se aparta de Jehová. Pues será como la retama en el desierto, y no verá cuando viene el bien; sino que morará en los sequedales en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada" (Jeremías 17: 5 y 6).

Dios "hace que su sol salga sobre malos y buenos, y llueva sobre justos e injustos" (Mateo 5: 45), pero los hombres poseen la facultad de privarse del sol y la lluvia.

Así, mientras brilla el Sol de Justicia, y las lluvias de gracia caen libremente para todos, podemos, separándonos de Dios, morar "en los sequedales en el desierto".
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¹ Nod: "errante", "huida", "exilio".

miércoles, mayo 30, 2007

3.03 - Hay un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre

"Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (Hechos 4: 12).

"Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre" (1 Timoteo 2: 5).

"Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas" (Hebreos 8: 6).

El hombre quebrantó la ley de Dios, y por medio del Redentor se hicieron promesas nuevas sobre una base diferente.

Todas las cosas provienen de Dios. Todas las bendiciones deben venir a través de un Mediador.

Desde los beneficios más insignificantes hasta la mayor bendición, todo fluye por un único Canal: la mediación sobrehumana asperjada con la sangre cuyo valor supera todo cálculo porque era la vida de Dios en su Hijo.

Cada miembro de la familia humana está enteramente en las manos de Cristo, y todo lo que poseemos en esta vida presente ya sea dinero, casas, tierras, capacidad de razonar, fortaleza física, o facultades intelectuales y todas las bendiciones de la vida futura, han sido colocados en nuestra posesión como tesoros de Dios para que sean fielmente empleados en beneficio de nuestros semejantes.

Todo don tiene el sello de la cruz y lleva la imagen y el sobrescrito de Jesucristo.

Ahora bien, NINGUNA ALMA PUEDE DARLE A DIOS ALGO QUE YA NO SEA DE EL.

Recuerda esto: "Todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos" (1 Crónicas 29: 14).

Nosotros no poseemos nada, ni podemos ofrecer cosa alguna en valor, en obras, en fe, que no hayamos recibido primeramente de Dios y sobre lo cual Él puede en cualquier momento poner su mano y decir: "Esto es mío - dádivas y bendiciones y dotes que yo te confié, no para enriquecerte, sino para que las uses sabiamente en beneficio del mundo".

lunes, mayo 28, 2007

3.02 - Perdiste el favor, no el derecho

Por rebelión y apostasía el hombre perdió el favor de Dios; no sus derechos, porque él no podía tener valor excepto el que le fuera conferido por el Hijo de Dios.

Necesitas entender esto:
El hombre perdió esos privilegios que Dios en su misericordia le presentó como un don gratuito, un tesoro en depósito para ser usado en el avance de su causa y su gloria, para beneficiar a los seres que Él había hecho.

En el momento cuando la criatura de Dios rehusó obedecer las leyes del reino de Dios, en ese momento se volvió desleal al gobierno del Creador y se hizo enteramente indigna de todas las bendiciones con que El la había favorecido.

Esta era la situación de la raza humana después que el hombre, por su transgresión, se divorció de Dios.

Entonces ya no tenía más derecho a una bocanada de aire, a un rayo de sol o a una partícula de alimento.

Y la razón por la cual el hombre no fue aniquilado, fue porque Dios lo amó de tal manera que otorgó el don de su amado Hijo para que Él sufriera la penalidad de la transgresión.

Jesús estuvo dispuesto a convertirse en el fiador y sustituto del hombre a fin de que éste, mediante su incomparable gracia, pudiera tener otra oportunidad - una segunda prueba -, teniendo la experiencia de Adán y Eva como una advertencia para que no transgredieran la ley de Dios como ellos lo hicieron.

Y en cuanto el hombre disfruta las bendiciones de Dios en la dádiva del sol y la dádiva del alimento, debería inclinarse delante del alimento, debería inclinarse delante del Hacedor en agradecido reconocimiento de que todas las cosas provienen de El.

Todo lo que se le devuelve a Dios es tan sólo su propiedad, que El nos ha concedido.

3.01 - Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos

Porque ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que pudiésemos ofrecer voluntariamente cosas semejantes? Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos” (1 Cronicas 29: 14).

La justificación (o perdón) es enteramente por gracia y no se consigue por ninguna obra que el hombre caído pueda realizar.

Si el hombre rico tiene dinero y posesiones, y los ofrenda a Dios, se introducen ideas falsas que estropean la ofrenda por pensar que merece el favor de Dios, que Dios está obligado a considerarlo con especial benevolencia en virtud de su donación.

Ha habido mucho engaño y muy poca instrucción clara sobre este punto: Dios le ha prestado al hombre sus propios bienes en depósito (medios que Dios requiere que le sean devueltos cuando su providencia lo manifieste y la edificación de su causa lo demande).

Dios dio el intelecto, la salud y la capacidad para obtener ganancias terrenales. Él creó las cosas de la tierra. Manifiesta su poder divino para desarrollar todas sus riquezas. Son sus frutos, de su propia labranza.

Dios dio el sol, las nubes, las lluvias, para hacer que la vegetación floreciera.

Como siervo empleado por Dios, tu recogiste en su mies a fin de satisfacer tus necesidades de una manera económica y conservar el saldo a disposición de Dios.

Puedes decir con David: "Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos".

Así que la satisfacción del mérito de la criatura no puede consistir en devolver a Dios lo que es suyo, porque siempre fue su propiedad para ser usada según El en su providencia lo indicara.

martes, diciembre 26, 2006

2.05. Bendiciendo... también a los enemigos

Cada acto del ministerio de Cristo tenía un propósito de largo alcance. Abarcaba más de lo que el acto mismo revelaba.

Así fue en el caso del leproso.

Mientras Jesús ministraba a todos los que venían a él, anhelaba bendecir a los que no venían.

Mientras atraía a los publicanos, los paganos y los samaritanos, anhelaba alcanzar a los sacerdotes y maestros que estaban trabados por el prejuicio y la tradición. No dejó sin probar medio alguno por el cual pudiesen ser alcanzados.

Al enviar a los sacerdotes el leproso que había sanado, daba a los primeros un testimonio que estaba destinado a desarmar sus prejuicios.

Los fariseos habían aseverado que la enseñanza de Cristo se oponía a la ley que Dios había dado por medio de Moisés; pero la orden que dio al leproso limpiado, de presentar una ofrenda según la ley, probaba que esa acusación era falsa.

Era suficiente testimonio para todos los que estuviesen dispuestos a ser convencidos.

Los dirigentes de Jerusalén habían enviado espías en busca de algún pretexto para dar muerte a Cristo. El respondió dándoles una muestra de su amor por la humanidad, su respeto por la ley y su poder de librar del pecado y de la muerte.

Así testificó acerca de ellos: "Me devuelven mal por bien, y odio por amor" (Salmos 109:5).

El que desde el monte dio el precepto:

"Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen" (Mateo 5:44),

ejemplificó él mismo este principio, "no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo" (1Pedro 3:9).

Los mismos sacerdotes que habían condenado al leproso al destierro, certificaron su curación. Esta sentencia, promulgada y registrada públicamente, era un testimonio permanente en favor de Cristo.

Y como el hombre sanado quedaba reintegrado a la congregación de Israel, bajo la garantía de los mismos sacerdotes, de que no había en él rastro de la enfermedad, venía a ser un testigo vivo a favor de su Benefactor.

Con alegría presentó su ofrenda y ensalzó el nombre de Jesús.

Los sacerdotes quedaron convencidos del poder divino del Salvador. Tuvieron oportunidad de conocer la verdad y sacar provecho de la luz. Si la rechazaban, se apartaría de ellos para no volver nunca.

Muchos rechazaron la luz, pero no fue dada en vano. Fueron conmovidos muchos corazones que por un tiempo no dieron señal de serlo.

Durante la vida del Salvador, su misión pareció recibir poca respuesta de amor de parte de los sacerdotes y maestros; pero después de su ascensión "muchos de los sacerdotes obedecían a la fe" (Hechos 6:7).

2.04. No digas a nadie nada

Las palabras de la Escritura demuestran con qué urgencia Cristo recomendó a este hombre la necesidad de callar y obrar prontamente.

"Entonces le encargó rigurosamente, y le despidió luego, y le dijo: Mira, no digas a nadie nada, sino ve, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu purificación lo que Moisés mandó, para testimonio a ellos" (Marcos 1:43, 44).

Si los sacerdotes hubiesen conocido los hechos relacionados con la curación del leproso, su odio hacia Cristo podría haberlos inducido a dar un fallo falto de honradez.

Jesús deseaba que el hombre se presentase en el templo antes de que les llegase rumor alguno concerniente al milagro. Así se podría obtener una decisión imparcial, y el leproso sanado tendría permiso para volver a reunirse con su familia y sus amigos.

Jesús tenía otros objetos en vista al recomendar silencio al hombre.

Sabía que sus enemigos procuraban siempre limitar su obra, y apartar a la gente de él.

Sabía que si se divulgaba la curación del leproso, otros aquejados por esta terrible enfermedad se agolparían en derredor de él y se haría correr la voz de que su contacto iba a contaminar a la gente.

Muchos de los leprosos no emplearían el don de la salud en forma que fuese una bendición para sí mismos y para otros.

Y al atraer a los leprosos en derredor suyo, daría ocasión de que se le acusase de violar las restricciones de la ley ritual. Así quedaría estorbada su obra de predicar el Evangelio.

El acontecimiento justificó la amonestación de Cristo. Una multitud había presenciado la curación del leproso, y anhelaba conocer la decisión de los sacerdotes. Cuando el hombre volvió a sus deudos, hubo mucha agitación.

A pesar de la recomendación de Jesús, el hombre no hizo ningún esfuerzo para ocultar el hecho de su curación. Le habría sido imposible en verdad ocultarla, pero el leproso publicó la noticia en todas partes.

Concibiendo que era solamente la modestia de Jesús la que le había impuesto esa restricción, anduvo proclamando el poder del gran Médico. No comprendía que cada manifestación tal hacía a los sacerdotes y ancianos más resueltos a destruir a Jesús.

El hombre sanado consideraba muy precioso el don de la salud. Se regocijaba en el vigor de su virilidad, y en que había sido devuelto a su familia y a la sociedad, y le parecía imposible dejar de dar gloria al Médico que le había curado.

Pero su divulgación del asunto estorbó la obra del Salvador. Hizo que la gente acudiese a él en tan densas muchedumbres, que por un tiempo se vio obligado a suspender sus labores.

2.03. Señor, si quieres, puedes limpiarme

El leproso presentaba un espectáculo repugnante. La enfermedad había hecho terribles estragos; su cuerpo decadente ofrecía un aspecto horrible.

Al verle, la gente retrocedía con terror. Se agolpaban unos sobre otros, en su ansiedad de escapar de todo contacto con él.

Algunos trataban de evitar que se acercara a Jesús, pero en vano. El ni los veía ni los oía. No percibía tampoco sus expresiones de horror.

Veía tan sólo al Hijo de Dios. Oía únicamente la voz que infundía vida a los moribundos.

Acercándose con esfuerzo a Jesús, se echó a sus pies clamando: "Señor, si quieres, puedes limpiarme".

Jesús replicó: "Quiero: sé limpio," y puso la mano sobre él.

Inmediatamente se realizó una transformación en el leproso. Su carne se volvió sana, los nervios recuperaron la sensibilidad, los músculos, la firmeza.

La superficie tosca y escamosa, propia de la lepra, desapareció, y la reemplazó un suave color rosado como el que se nota en la piel de un niño sano.

Jesús encargó al hombre que no diese a conocer la obra en él realizada, sino que se presentase inmediatamente con una ofrenda al templo.

Semejante ofrenda no podía ser aceptada hasta que los sacerdotes le hubiesen examinado y declarado completamente sano de la enfermedad.

Por poca voluntad que tuviesen para cumplir este servicio, no podían eludir el examen y la decisión del caso.

2.02. El brotar de la fe

En la región donde se desarrollaba el ministerio de Cristo, había muchos leprosos a quienes les llegaron nuevas de la obra que él hacía, y vislumbraron un rayo de esperanza.

Pero desde los días del profeta Eliseo, no se había oído nunca que sanara una persona en quien se declarara esa enfermedad. No se atrevían a esperar que Jesús hiciese por ellos lo que por nadie había hecho.

Sin embargo, hubo uno en cuyo corazón empezó a nacer la fe. Pero no sabía cómo llegar a Jesús. Privado como se hallaba de todo trato con sus semejantes, ¿cómo podría presentarse al Sanador?

Y además, se preguntaba si Cristo le sanaría a él. ¿Se rebajaría hasta fijarse en un ser de quien se creía que estaba sufriendo un castigo de Dios? ¿No haría como los fariseos y aun los médicos, es decir, pronunciar una maldición sobre él, y amonestarle a huir de las habitaciones de los hombres?

Reflexionó en todo lo que se le había dicho de Jesús. Ninguno de los que habían pedido su ayuda había sido rechazado. El pobre hombre resolvió encontrar al Salvador.

Aunque no podía penetrar en las ciudades, tal vez llegase a cruzar su senda en algún atajo de los caminos de la montaña, o le hallase mientras enseñaba en las afueras de algún pueblo. Las dificultades eran grandes, pero ésta era su única esperanza.

El leproso fue guiado al Salvador. Jesús estaba enseñando a orillas del lago, y la gente se había congregado en derredor de él.

De pie a lo lejos, el leproso alcanzó a oír algunas palabras de los labios del Salvador. Le vio poner sus manos sobre los enfermos. Vio a los cojos, los ciegos, los paralíticos y los que estaban muriendo de diversas enfermedades, levantarse sanos, alabando a Dios por su liberación.

La fe se fortaleció en su corazón. Se acercó más y más a la muchedumbre. Las restricciones que le eran impuestas, la seguridad de la gente, y el temor con que todos le miraban, todo fue olvidado.

Pensaba tan sólo en la bendita esperanza de la curación.

martes, diciembre 19, 2006

2.01. "¡Inmundo! ¡Inmundo!"

LA LEPRA era la más temida de todas las enfermedades conocidas en el Oriente. Su carácter incurable y contagioso y sus efectos horribles sobre sus víctimas llenaban a los más valientes de temor.

Entre los judíos, era considerada como castigo por el pecado, y por lo tanto se la llamaba el "azote," "el dedo de Dios."

Profundamente arraigada, imposible de borrar, mortífera, era considerada como un símbolo del pecado.

La ley ritual declaraba inmundo al leproso (Levítico 13 y 14). Como si estuviese ya muerto, era despedido de las habitaciones de los hombres. Cualquier cosa que tocase quedaba inmunda y su aliento contaminaba el aire.

El sospechoso de tener la enfermedad debía presentarse a los sacerdotes, quienes habían de examinarle y decidir su caso. Si le declaraban leproso, era aislado de su familia, separado de la congregación de Israel, y condenado a asociarse únicamente con aquellos que tenían una aflicción similar.

La ley era inflexible en sus requerimientos. Ni aun los reyes y gobernantes estaban exentos. Un monarca atacado por esa terrible enfermedad debía entregar el cetro y huir de la sociedad. Lejos de sus amigos y parentela, el leproso debía llevar la maldición de su enfermedad.

Estaba obligado a publicar su propia calamidad (Levítico 13:45), a rasgar sus vestiduras, y a hacer resonar la alarma para advertir a todos que huyesen de su presencia contaminadora.

El clamor "¡Inmundo! ¡inmundo!" que en tono triste exhalaba el desterrado solitario, era una señal que se oía con temor y aborrecimiento.

2.00. ¡LEPRA!

Mateo 8.1-5:

1 Cuando descendió Jesús del monte, le seguía mucha gente. 2 Y he aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. 3 Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció. 4 Entonces Jesús le dijo: Mira, no lo digas a nadie; sino ve, muéstrate al sacerdote, y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para testimonio a ellos.

Marcos 1.40-45:

40 Vino a él un leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le dijo: Si quieres, puedes limpiarme. 41 Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio. 42 Y así que él hubo hablado, al instante la lepra se fue de aquél, y quedó limpio. 43 Entonces le encargó rigurosamente, y le despidió luego, 44 y le dijo: Mira, no digas a nadie nada, sino ve, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu purificación lo que Moisés mandó, para testimonio a ellos. 45 Pero ido él, comenzó a publicarlo mucho y a divulgar el hecho, de manera que ya Jesús no podía entrar abiertamente en la ciudad, sino que se quedaba fuera en los lugares desiertos; y venían a él de todas partes.

Lucas 5.12-16:

12 Sucedió que estando él en una de las ciudades, se presentó un hombre lleno de lepra, el cual, viendo a Jesús, se postró con el rostro en tierra y le rogó, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. 13 Entonces, extendiendo él la mano, le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante la lepra se fue de él. 14 Y él le mandó que no lo dijese a nadie; sino ve, le dijo, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu purificación, según mandó Moisés, para testimonio a ellos. 15 Pero su fama se extendía más y más; y se reunía mucha gente para oírle, y para que les sanase de sus enfermedades. 16 Mas él se apartaba a lugares desiertos, y oraba.

sábado, diciembre 09, 2006

1.27. La Tercera Tentación de Cristo - IV

Después que el enemigo hubo huido, Jesús cayó exhausto al suelo, con la palidez de la muerte en el rostro. Los ángeles del cielo habían contemplado el conflicto, mirando a su amado General mientras pasaba por indecibles sufrimientos para preparar una vía de escape para nosotros.

Había soportado la prueba, una prueba mayor que cualquiera que podamos ser llamados a soportar.

Los ángeles sirvieron entonces al Hijo de Dios, mientras estaba postrado como moribundo. Fue fortalecido con alimentos y consolado por un mensaje del amor de su Padre, así como por la seguridad de que todo el cielo había triunfado en su victoria.

Reanimándose, su gran corazón se hinchió de simpatía por el hombre y salió para completar la obra que había empezado, para no descansar hasta que el enemigo estuviese vencido y redimida nuestra especie caída.

Nunca podrá comprenderse el costo de nuestra redención hasta que los redimidos estén con el Redentor delante del trono de Dios. Entonces, al percibir de repente nuestros sentidos arrobados las glorias de la patria eterna, recordaremos que Jesús dejó todo esto por nosotros, que no sólo se desterró de las cortes celestiales, sino que por nosotros corrió el riesgo de fracasar y de perderse eternamente.

1.26. La Tercera Tentación de Cristo - III

"Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás. El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían" (Mateo 4:10, 11).

Satanás había puesto en duda que Jesús fuese el Hijo de Dios.

En su sumaria despedida tuvo una prueba que no podía contradecir.

La divinidad fulguró a través de la humanidad doliente.

Satanás no tuvo poder para resistir la orden. Retorciéndose de humillación e ira, se vio obligado a retirarse de la presencia del Redentor del mundo.

La victoria de Cristo fue tan completa como lo había sido el fracaso de Adán.

Así podemos nosotros resistir la tentación y obligar a Satanás a alejarse.

Jesús venció por la sumisión a Dios y la fe en él, y mediante el apóstol nos dice:

"Someteos pues a Dios; resistid al diablo, y de vosotros huirá. Allegaos a Dios, y él se allegará a vosotros" (Santiago 4:7 e 8).

No podemos salvarnos a nosotros mismos del poder del tentador; él venció a la humanidad, y cuando nosotros tratamos de resistirle con nuestra propia fuerza caemos víctimas de sus designios; pero "torre fuerte es el nombre de Jehová: a él correrá el justo, y será levantado" (Prov. 18:10).

Satanás tiembla y huye delante del alma más débil que busca refugio en ese nombre poderoso.

1.25. La Tercera Tentación de Cristo - II

Cuando el tentador ofreció a Cristo el reino y la gloria del mundo, se propuso que Cristo renunciase al verdadero reino del mundo y ejerciese el dominio sujeto a Satanás.

Tal era la clase de dominio en que se cifraban las esperanzas de los judíos. Deseaban el reino de este mundo. Si Cristo hubiese consentido en ofrecerles semejante reino, le habrían recibido gustosamente. Pero la maldición del pecado, con toda su desgracia, pesaba sobre él.

Cristo declaró al tentador: "Vete, Satanás, que escrito está: Al Señor tu Dios adorarás y a él solo servirás".

El que se había rebelado en el cielo ofreció a Cristo los reinos de este mundo para comprar su homenaje a los principios del mal; pero Cristo no quiso venderse; había venido para establecer un reino de justicia, y no quería abandonar sus propósitos.

Satanás se acerca a los hombres con la misma tentación, y tiene más éxito con ellos.

Les ofrece el reino de este mundo a condición de que reconozcan su supremacía.

Demanda que sacrifiquen su integridad, desprecien la conciencia, satisfagan su egoísmo.

Cristo los invita a buscar primero el reino de Dios y su justicia (Mateo 6:33) pero Satanás anda a su lado y les dice: "Cualquiera sea la verdad acerca de la vida eterna, para tener éxito en este mundo, debéis servirme. Tengo vuestro bienestar en mis manos. Puedo daros riquezas, placeres, honores y felicidad. Oíd mi consejo. No os dejéis arrastrar por nociones caprichosas de honradez o abnegación. Yo os prepararé el camino".

Y así multitudes son engañadas. Consienten en vivir para servirse a sí mismas, y Satanás queda satisfecho. Al par que las seduce con la esperanza del dominio mundanal, conquista el dominio del alma.

Pero él ofrece lo que no puede otorgar, lo que pronto se le quitará. En pago, las despoja de su derecho a la herencia de los hijos de Dios.

domingo, diciembre 03, 2006

1.24. La Tercera Tentación de Cristo - I

"Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás. El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían" (Mateo 4:8-11).

Jesús salió victorioso de la segunda tentación, y luego Satanás se le manifestó en su verdadero carácter. Pero no se le apareció como un odioso monstruo, de pezuñas hendidas y alas de murciélago. Era un poderoso ángel, aunque caído. Se declaró jefe de la rebelión y dios de este mundo.

Colocando a Jesús sobre una alta montaña, hizo desfilar delante de él, en vista panorámica, todos los reinos del mundo en toda su gloria.

La luz del sol hería ciudades llenas de templos, palacios de mármol, campos feraces y viñedos cargados de frutos.

Los rastros del mal estaban ocultos. Los ojos de Jesús, hasta poco tiempo antes afectados por una visión de lobreguez y desolación, contemplaban ahora una escena de insuperable belleza y prosperidad.

Entonces se oyó la voz del tentador: "A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy. Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos." (Lucas 4:6, 7).

La misión de Cristo podía cumplirse únicamente por medio de padecimientos. Le esperaba una vida de tristeza, penurias y conflicto, y una muerte ignominiosa. Debía llevar los pecados del mundo entero. Debía soportar la separación del amor de su Padre.

El tentador le ofrecía la entrega del poder que había usurpado.

Cristo podía librarse del espantoso porvenir reconociendo la supremacía de Satanás. Pero hacerlo hubiera sido renunciar a la victoria del gran conflicto. Tratando de ensalzarse por encima del Hijo de Dios, era como Satanás había pecado en el cielo. Si prevaleciese ahora, significaría el triunfo de la rebelión.

Cuando Satanás declaró a Cristo: El reino y la gloria del mundo me son entregados, y a quien quiero los doy, dijo algo que era verdad solamente en parte; y lo dijo con fines de engaño.

El dominio que ejercía Satanás era el que había arrebatado a Adán, pero Adán era vicegerente del Creador. El suyo no era un dominio independiente.

La tierra es de Dios, y él ha confiado todas las cosas a su Hijo. Adán había de reinar sujeto a Cristo. Cuando Adán entregó su soberanía en las manos de Satanás, Cristo continuó siendo aún el Rey legítimo.

Por esto el Señor había dicho al rey Nabucodonosor: "el Altísimo gobierna el reino de los hombres, y ... a quien él quiere lo da, y constituye sobre él al más bajo de los hombres" (Daniel 4:17).

Satanás puede ejercer su usurpada autoridad únicamente en la medida en que Dios lo permite.

martes, noviembre 28, 2006

1.23. La Segunda Tentación de Cristo - IV

Muchas veces, cuando Satanás no logra excitar la desconfianza, nos induce a la presunción.

Si puede hacernos entrar innecesariamente en el camino de la tentación, sabe que la victoria es suya. Dios guardará a todos los que anden en la senda de la obediencia; pero el apartarse de ella es aventurarse en terreno de Satanás. Allí, lo seguro es que caeremos.

El Salvador nos ha ordenado: "Velad y orad, para que no entréis en tentación" (Mar. 14:38). La meditación y la oración nos impedirían precipitarnos, sin orden alguna, al peligro, y así nos ahorraríamos muchas derrotas.

Sin embargo, no deberíamos desanimarnos cuando nos asalta la tentación. Muchas veces, al encontrarnos en situación penosa, dudamos de que el Espíritu de Dios nos haya estado guiando. Pero fue la dirección del Espíritu la que llevó a Jesús al desierto, para ser tentado por Satanás.

Cuando Dios nos somete a una prueba, tiene un fin que lograr para nuestro bien.

Jesús no confió presuntuosamente en las promesas de Dios yendo a la tentación sin recibir la orden, ni se entregó a la desesperación cuando la tentación le sobrevino. Ni debemos hacerlo nosotros.

"fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar" (1 Cor. 10:13).

El dice:

"Sacrifica a Dios alabanza, y paga tus votos al Altísimo. E invócame en el día de la angustia: te libraré, y tú me honrarás" (Salmos 50:14, 15).

sábado, noviembre 25, 2006

1.22. La Segunda Tentación de Cristo - III

“Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios” (Mateo 4:7).

Estas palabras fueron dirigidas por Moisés a los hijos de Israel cuando tenían sed en el desierto, y exigieron que Moisés les diese agua, exclamando: "¿Está, pues, Jehová entre nosotros, o no?” (Éxodo 17:7).

Dios había obrado maravillosamente en favor suyo; sin embargo, al verse en dificultades, dudaron de él, y exigieron pruebas de que estaba con ellos.

En su incredulidad, trataron de probarle. Satanás instaba a Cristo a hacer lo mismo.

Dios había testificado ya de que Jesús era su Hijo; y ahora pedir pruebas de que era el Hijo de Dios era dudar de la Palabra de Dios, era tentarle. Y se podía hacer lo mismo al pedir lo que Dios no había prometido. Era manifestar desconfianza; en realidad, tentarle.

No debemos presentar nuestras peticiones a Dios para probar si cumplirá su palabra, sino porque él la cumplirá; no para probar que nos ama, sino porque él nos ama.

"Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan" (Heb. 11:6).

Pero la fe no va en ningún sentido unida a la presunción. Sólo el que tenga verdadera fe se halla seguro contra la presunción. Porque la presunción es la falsificación satánica de la fe.

La fe se aferra a las promesas de Dios, y produce la obediencia. La presunción también se aferra a las promesas, pero las usa como Satanás, para disculpar la transgresión.

La fe habría inducido a nuestros primeros padres a confiar en el amor de Dios, y a obedecer sus mandamientos.

La presunción los indujo a transgredir su ley, creyendo que su gran amor los salvaría de las consecuencias de su pecado.

No es fe lo que reclama el favor del Cielo sin cumplir las condiciones bajo las cuales se concede una merced. La fe verdadera tiene su fundamento en las promesas y provisiones de las Escrituras.

1.21. La Segunda Tentación de Cristo - II

"Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra" (Mateo 4:5, 6).

"Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos. En las manos te llevarán, para que tu pie no tropiece en piedra" (Salmo 91:11, 12).

Cuando Satanás citó la promesa: "A sus ángeles mandará acerca de ti," omitió las palabras: "que te guarden en todos tus caminos"; es decir, en todos los caminos que Dios haya elegido.

Satanás tenía el propósito de oscurecer el hecho de que tenemos derecho de reclamar el cuidado protector de Dios sólo cuando andamos por los caminos que Dios escoge.

Satanás bien sabía que cuando un hombre se aparta del camino estrecho y recto, se aleja del terreno escogido por Dios y se coloca en la tierra hechizada del enemigo.

Pero Jesús se negó a apartarse del camino de la estricta obediencia a la voluntad del Padre. Aunque manifestaba perfecta confianza en su Padre, no quería colocarse, sin que le fuera ordenado, en una posición que justificase la intervención de su Padre para salvarle de la muerte. No quería obligar a la Providencia a acudir en su auxilio, y dejar de dar al hombre un ejemplo de confianza y sumisión.

1.20. La Segunda Tentación de Cristo - I

"Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra" (Mateo 4:5, 6).

Satanás supone ahora que ha hecho frente a Jesús en su propio terreno. El astuto enemigo le presenta palabras procedentes de la boca de Dios. Se da todavía por un ángel de luz y evidencia conocer las Escrituras y comprender su significado.

Como Jesús empleó antes la Palabra de Dios para sostener su fe, el tentador la usa ahora para apoyar su engaño. Pretende haber estado tan sólo probando la fidelidad de Jesús, y elogia su firmeza. Como el Salvador había manifestado confianza en Dios, Satanás le insta a dar otra prueba de su fe.

Pero otra vez la tentación va precedida de la insinuación de desconfianza: "Si eres Hijo de Dios".

Cristo se sintió tentado a contestar al "si;" pero se abstuvo de la menor aceptación de la duda; no podía hacer peligrar su vida a fin de dar pruebas a Satanás.

El tentador pensaba aprovechar de la humanidad de Cristo e incitarle a la presunción.

Pero aunque Satanás puede instar, no puede obligar a pecar. Dijo, pues, a Jesús: "Échate abajo," sabiendo que no podía arrojarle, porque Dios se interpondría para librarle.

Ni podía Satanás obligar a Jesús a arrojarse. A menos que Cristo cediese a la tentación, no podía ser vencido. Ni aun todo el poder de la tierra o del infierno podía obligarle a apartarse en un ápice de la voluntad de su Padre.

El tentador no puede nunca obligarnos a hacer lo malo. No puede dominar nuestra mente, a menos que la entreguemos a su dirección.

La voluntad debe consentir y la fe abandonar su confianza en Cristo, antes que Satanás pueda ejercer su poder sobre nosotros. Pero todo deseo pecaminoso que acariciamos le da un punto de apoyo. Todo detalle en que dejamos de alcanzar la norma divina es una puerta abierta por la cual él puede entrar para tentarnos y destruirnos.

Y todo fracaso o derrota de nuestra parte le da ocasión de vituperar a Cristo.

martes, noviembre 21, 2006

1.19. La Primera Tentación de Cristo - VI

Todo aquel que lucha contra el poder del apetito considere al Salvador en el desierto de la tentación. Véale en su agonía sobre la cruz cuando exclamó: "Sed tengo" (Juan 19:28). El padeció todo lo que nos puede tocar sufrir. Su victoria es nuestra.

Jesús confió en la sabiduría y fuerza de su Padre celestial.
Declara: "Jehová el Señor me ayudará; por tanto no he sido abochornado; ... y sé que no seré avergonzado.... He aquí que Jehová me ayudará." Llamando la atención a su propio ejemplo, él nos dice: "¿Quién hay de entre vosotros que teme a Jehová, . . . que anda en tinieblas y no tiene luz? ¡Confíe en el nombre de Jehová, y apóyese en su Dios!" (Isa. 50:7-10).
"Viene el príncipe de este mundo - dice Jesús - mas no tiene nada en mí" (Juan 14:30). No había en él nada que respondiera a los sofismas de Satanás.

El no consintió en pecar. Ni siquiera por un pensamiento cedió a la tentación. Así también podemos hacer nosotros. La humanidad de Cristo estaba unida con la divinidad. Fue hecho idóneo para el conflicto mediante la permanencia del Espíritu Santo en él. Y él vino para hacernos participantes de la naturaleza divina. Mientras estemos unidos con él por la fe, el pecado no tendrá dominio sobre nosotros.

Dios extiende su mano para alcanzar la mano de nuestra fe y dirigirla a asirse de la divinidad de Cristo, a fin de que nuestro carácter pueda alcanzar la perfección.Y Cristo nos ha mostrado cómo puede lograrse esto. ¿Por medio de qué venció él en el conflicto con Satanás? - Por la Palabra de Dios. Sólo por medio de la Palabra pudo resistir la tentación. "Escrito está," dijo. Y a nosotros " nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas" llegásemos "a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia" (2 Pedro 1:4)

Toda promesa de la Palabra de Dios nos pertenece.
Hemos de vivir de "toda palabra que sale de la boca de Dios". Cuando nos veamos asaltados por las tentaciones, no miremos las circunstancias o nuestra debilidad, sino el poder de la Palabra.
Toda su fuerza es nuestra. "En mi corazón he guardado tus dichos - dice el salmista - para no pecar contra ti" (Sal. 119:11) "Por la palabra de tus labios yo me he guardado de las vías del destructor" (Sal. 17:4).

jueves, noviembre 16, 2006

1.18. La Primera Tentación de Cristo - V

De todas las lecciones que se desprenden de la primera gran tentación de nuestro Señor, ninguna es más importante que la relacionada con el dominio de los apetitos y pasiones. En todas las edades, las tentaciones atrayentes para la naturaleza física han sido las más eficaces para corromper y degradar a la humanidad.

Mediante la intemperancia, Satanás obra para destruir las facultades mentales y morales que Dios dio al hombre como un don inapreciable. Así viene a ser imposible para los hombres apreciar las cosas de valor eterno. Mediante la complacencia de los sentidos, Satanás trata de borrar del alma todo vestigio de la semejanza divina.

La sensualidad irrefrenada y la enfermedad y degradación consiguientes, que existían en tiempos del primer advenimiento de Cristo, existen, con intensidad agravada, ahora, antes de su segunda venida.

Cristo declara que la condición del mundo será como en los días anteriores al diluvio (Mat. 24:37-39), y como en tiempos de Sodoma y Gomorra (Luc. 17:28-32). Todo intento de los pensamientos del corazón será de continuo el mal (Gén. 6:5).

Estamos viviendo en la víspera misma de ese tiempo pavoroso, y la lección del ayuno del Salvador debe grabarse en nuestro corazón.

Únicamente por la indecible angustia que soportó Cristo podemos estimar el mal que representa el complacer sin freno los apetitos. Su ejemplo demuestra que nuestra única esperanza de vida eterna consiste en sujetar los apetitos y pasiones a la voluntad de Dios.

En nuestra propia fortaleza, nos es imposible negarnos a los clamores de nuestra naturaleza caída. Por su medio, Satanás nos presentará tentaciones. Cristo sabía que el enemigo se acercaría a todo ser humano para aprovecharse de las debilidades hereditarias y entrampar, mediante sus falsas insinuaciones, a todos aquellos que no confían en Dios.

Recorriendo el terreno que el hombre debe recorrer, nuestro Señor ha preparado el camino para que venzamos. No es su voluntad que seamos puestos en desventaja en el conflicto con Satanás. No quiere que nos intimiden ni desalienten los asaltos de la serpiente. "Tened buen ánimo - dice; - yo he vencido al mundo" (Juan 16:33).

domingo, noviembre 12, 2006

1.17. La Primera Tentación de Cristo - IV

Cuando Cristo dijo al tentador: "No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mat. 4:4), repitió las palabras que más de catorce siglos antes había dicho a Israel: "Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos. Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre." (Deut. 8:2, 3).

En el desierto, cuando todos los medios de sustento se habían agotado, Dios envió a su pueblo maná del cielo, y esto en una provisión suficiente y constante. Dicha provisión había de enseñarles que mientras confiasen en Dios y anduviesen en sus caminos, él no los abandonaría.

Jesús puso ahora en práctica la lección que había enseñado a Israel. La palabra de Dios había dado socorro a la hueste hebrea, y la misma palabra se lo daría también a Jesús. Esperó el tiempo en que Dios había de traerle alivio. Se hallaba en el desierto en obediencia a Dios, y no iba a obtener alimentos siguiendo las sugestiones de Satanás. En presencia del universo, atestiguó que es menor calamidad sufrir lo que venga, que apartarse en un ápice de la voluntad de Dios."No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios."

Muchas veces el que sigue a Cristo se ve colocado en donde no puede servir a Dios y llevar adelante sus empresas mundanales. Tal vez le parezca que la obediencia a algún claro requerimiento de Dios le privará de sus medios de sostén. Satanás quisiera hacerle creer que debe sacrificar las convicciones de su conciencia. Pero lo único en que podemos confiar en este mundo es la Palabra de Dios. "Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas" (Mat. 6:33).

Aun en esta vida, no puede beneficiarnos el apartarnos de la voluntad de nuestro Padre celestial. Cuando aprendamos a conocer el poder de su palabra no seguiremos las sugestiones deSatanás para obtener alimento o salvarnos la vida. Lo único que preguntaremos será: ¿Cuál es la orden de Dios, y cuál es su promesa? Conociéndolas, obedeceremos la primera y confiaremos en la segunda.

En el último gran conflicto de la controversia con Satanás, los que sean leales a Dios se verán privados de todo apoyo terrenal. Porque se niegan a violar su ley en obediencia a las potencias terrenales, se les prohibirá comprar o vender. Finalmente será decretado que se les dé muerte. (Ver Apo. 13:11-17).

Pero al obediente se le hace la promesa: "éste habitará en las alturas; fortaleza de rocas será su lugar de refugio; se le dará su pan, y sus aguas serán seguras" (Isa. 33:16). Los hijos de Dios vivirán por esta promesa.

Serán alimentados cuando la tierra esté asolada por el hambre."No serán avergonzados en el mal tiempo, y en los días de hambre serán saciados" (Sal. 37:19).

El profeta Habacuc previó este tiempo de angustia, y sus palabras expresan la fe de la iglesia: "Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación" (Hab. 3:17,18).

martes, noviembre 07, 2006

1.16. La Primera Tentación de Cristo - III

Cuando Satanás y el Hijo de Dios se encontraron por primera vez en conflicto, Cristo era el generalísimo de las huestes celestiales; y Satanás, el caudillo de la rebelión del cielo, fue echado fuera.


Ahora su condición está aparentemente invertida, y Satanás se aprovecha de su supuesta ventaja: "Uno de los ángeles más poderosos ha sido desterrado del cielo, y tu aspecto indica que tu eres aquel ángel caído, abandonado de Dios y de los hombres. Siendo un ser divino podrías sostener tu pretensión realizando un milagro, así que, 'Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan'."


Un acto tal de poder creador, insistía el tentador, sería evidencia concluyente de su divinidad. Pondría término a la controversia.

No sin lucha pudo Jesús escuchar en silencio al supremo engañador.

Pero el Hijo de Dios no había de probar su divinidad a Satanás, ni explicar la razón de su humillación. Accediendo a las exigencias del rebelde, no podía ganar nada para beneficio del hombre ni la gloria de Dios.

Si Cristo hubiese obrado de acuerdo con la sugestión del enemigo, Satanás habría dicho aún: "Muéstrame una señal para que crea que eres el Hijo de Dios." La evidencia habría sido inútil para quebrantar el poder de la rebelión en su corazón.

Y Cristo no había de ejercer el poder divino para su propio beneficio. Había venido para soportar la prueba como debemos soportarla nosotros, dejándonos un ejemplo de fe y sumisión. Ni en esta ocasión, ni en ninguna otra ulterior en su vida terrenal, realizó él un milagro en favor suyo. Sus obras admirables fueron todas hechas para beneficio de otros.

Aunque Jesús reconoció a Satanás desde el principio, no se sintió provocado a entrar en controversia con él. Fortalecido por el recuerdo de la voz del cielo, se apoyó en el amor de su Padre. No quiso parlamentar con la tentación.

Jesús hizo frente a Satanás con las palabras de la Escritura. "Escrito está," dijo.

En toda tentación, el arma de su lucha era la Palabra deDios. Satanás exigía de Cristo un milagro como señal de su divinidad. Pero aquello que es mayor que todos los milagros, una firme confianza en un "así dice Jehová," era una señal que no podía ser controvertida. Mientras Cristo se mantuviese en esa posición, el tentador no podría obtener ventaja alguna.

Fue en el tiempo de la mayor debilidad cuando Cristo fue asaltado por las tentaciones más fieras. Así Satanás pensaba prevalecer. Por este método había obtenido la victoria sobre los hombres. Cuando faltaba la fuerza y la voluntad se debilitaba, y la fe dejaba de reposar en Dios,entonces los que habían luchado valientemente por lo recto durante mucho tiempo, eran vencidos.

Moisés se hallaba cansado por los cuarenta años de peregrinaciones de Israel cuando su fe dejó de asirse momentáneamente del poder infinito. Fracasó en los mismos límites de la tierra prometida.

Así también sucedió con Elías, que había permanecido indómito delante del rey Acab y había hecho frente a toda la nación de Israel, encabezada por los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal. Después de aquel terrible día pasado sobre el Carmelo, cuando se había muerto a los falsos profetas y el pueblo había declarado su fidelidad a Dios, Elías huyó para salvar su vida, ante las amenazas de la idólatra Jezabel.

Así se había aprovechado Satanás de la debilidad de la humanidad. Y aun hoy sigue obrando de la misma manera.

Siempre que una persona esté rodeada de nubes, se halle perpleja por las circunstancias, o afligida por la pobreza y angustia, Satanás está listo para tentarla y molestarla. Ataca los puntos débiles de nuestro carácter. Trata de destruir nuestra confianza en Dios porque él permite que exista tal estado de cosas. Nos vemos tentados a desconfiar de Dios y a poner en duda su amor.

Muchas veces el tentador viene a nosotros como se presentó a Cristo, desplegando delante de nosotros nuestras debilidades y flaquezas. Espera desalentar el alma y quebrantar nuestra confianza en Dios. Entonces está seguro de su presa.


Si nosotros le hiciéramos frente como lo hizo Jesús, evitaríamos muchas derrotas. Parlamentando con el enemigo, le damos ventajas.

sábado, noviembre 04, 2006

1.15. La Primera Tentación de Cristo - II

Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” Mat 4:2-4.

Aunque se presentó como ángel de luz delataban su carácter estas primeras palabras: “Si eres Hijo de Dios”.

En ellas se insinuaba la desconfianza. Si Jesús hubiese hecho lo que Satanás sugería, habría aceptado la duda. El tentador se proponía derrotar a Cristo de la misma manera en que había tenido tanto éxito con la especie humana en el principio. ¡Cuán arteramente se había acercado Satanás a Eva en el Edén: "¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?" (Gén 3:1).

Hasta ahí las palabras del tentador eran verdad; pero en su manera de expresarlas, se disfrazaba el desprecio por las palabras de Dios. Había una negativa encubierta, una duda de la veracidad divina.

Satanás trató de insinuar a Eva el pensamiento de que Dios no haría lo que había dicho, que el privarlos de una fruta tan hermosa contradecía su amor ycompasión por el hombre.

Así también el tentador trató de inspirar a Cristo sus propios sentimientos: “Si eres el Hijo de Dios".

Las palabras repercuten con amargura en su mente. En el tono de su voz hay una expresión de completa incredulidad: ¿Habría de tratar Dios así a su propio Hijo? ¿Lo dejaría en el desierto con las fieras, sin alimento,sin compañía, sin consuelo? Le insinúa que Dios nunca quiso que su Hijo estuviese en tal estado. “Si eres el Hijo de Dios” muéstrame tu poder aliviándote a ti mismo de esta hambre apremiante. Ordena que estas piedras sean transformadas en pan.

Las palabras del Cielo: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”, resonaban todavía en los oídos de Satanás. Pero estaba resuelto a hacer dudar a Cristo de este testimonio.

La palabra de Dios era para Cristo la garantía de su misión divina. El había venido para vivir como hombre entre los hombres, y esta palabra declaraba su relación con el cielo.

Era el propósito de Satanás hacerle dudar de esa palabra. Si la confianza de Cristo en Dios podía ser quebrantada, Satanás sabía que obtendría la victoria en todo el conflicto. Vencería a Jesús. Esperaba que bajo el imperio de la desesperación y el hambre extrema, Cristo perdería la fe en su Padre, y obraría un milagro en su propio favor. Si lo hubiera hecho habría malogrado el plan de salvación.

1.14. La Primera Tentación de Cristo - I

"Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" Mat 4:2-4.

Para Cristo, como para Adán y Eva en el Edén, el apetito fue la base de la primera gran tentación. Precisamente donde empezó la ruina, debeempezar la obra de nuestra redención. Así como por haber complacido elapetito Adán cayó, por sobreponerse al apetito Cristo debía vencer.

Desde el tiempo de Adán hasta el de Cristo, la complacencia de los deseos propios había aumentado el poder de los apetitos y pasiones, hasta que tenían un dominio casi ilimitado. Así los hombres se habían degradado y degenerado, y por sí mismos no podían vencer.

Cristo venció en favor del hombre, soportando la prueba más severa. Por nuestra causa, ejerció un dominio propio más fuerte que el hambre o la misma muerte. Y esta primera victoria entrañaba otros resultados, de los cuales participan todos nuestros conflictos con las potestades de las tinieblas.

Cuando Jesús entró en el desierto, fue rodeado por la gloria del Padre. Absorto en la comunión con Dios, se sintió elevado por encima de las debilidades humanas. Pero la gloria se apartó de él, y quedó solo para luchar con la tentación. Esta le apremiaba en todo momento. Su naturaleza humana rehuía el conflicto que le aguardaba.

Durante cuarenta días ayunó y oró. Débil y demacrado por el hambre, macilento y agotado por la agonía mental, "desfigurado era su aspecto más que el de cualquier hombre, y su forma más que la de los hijos de Adán." Isa. 52:14.

Entonces vio Satanás su oportunidad. Pensó que podía vencer a Cristo.

Como en contestación a las oraciones del Salvador, se le presentó un ser que parecía un ángel del cielo. Aseveró haber sido comisionado por Dios para declarar que el ayuno de Cristo había terminado. Así como Dios había enviado un ángel para detener la mano de Abrahán a fin de que no sacrificase a Isaac, así también, satisfecho con la buena disposición de Cristo para entrar por la senda manchada de sangre, el Padre había enviado un ángel para librarlo. Tal era el mensaje traído a Jesús.

El Salvador se hallaba debilitado por el hambre, y deseaba con vehemencia alimentos cuando Satanás se le apareció repentinamente. Señalando las piedras que estaban esparcidas por el desierto el tentador dijo: "Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan".

domingo, octubre 29, 2006

1.13. En el desierto de la tentación - III

Satanás debía dirigir personalmente la guerra pues los resultados del conflicto significaban demasiado para ser confiados a sus ángeles. Todas las energías de la apostasía se unieron contra el Hijo de Dios. Jesús fue hecho el blanco de todas las armas del demonio.

Los hombres consideran este conflicto entre Cristo y Satanás como si no tuviese importancia para su propia vida; y para ellos tiene poco interés. Pero esta controversia se repite en el dominio de todo corazón humano. Nunca sale uno de las filas del mal para entrar en el servicio de Dios, sin arrostrar los asaltos de Satanás.

Las seducciones que Cristo resistió son las mismas que nosotros encontramos tan difíciles de resistir. Le fueron infligidas en un grado tanto mayor cuanto más elevado es su carácter que el nuestro.

Llevando sobre sí el terrible peso de los pecados del mundo, Cristo resistió (1) la prueba del apetito, (2) del amor al mundo, y (3) del amor a la ostentación que conduce a la presunción. Estas fueron las tentaciones que vencieron a Adán y Eva, y que tan fácilmente nos vencen a nosotros.

Satanás había señalado el pecado de Adán como prueba de que la ley de Dios era injusta, y que no podía ser acatada. En nuestra humanidad, Cristo había de resarcir el fracaso de Adán. Pero cuando Adán fue asaltado por el tentador, no pesaba sobre él ninguno de los efectos del pecado. Gozaba de una plenitud de fuerza y virilidad, así como del perfecto vigor de la mente y el cuerpo. Estaba rodeado por las glorias del Edén, y se hallaba en comunión diaria con los seres celestiales.

No sucedía lo mismo con Jesús cuando entró en el desierto para luchar con Satanás. Durante cuatro mil años, la familia humana había estado perdiendo fuerza física y mental, así como valor moral; y Cristo tomó sobre sí las flaquezas de la humanidad degenerada. Únicamente así podía rescatar al hombre de las profundidades de su degradación.

Muchos sostienen que era imposible para Cristo ser vencido por la tentación. En tal caso, no podría haberse hallado en la posición deAdán; no podría haber obtenido la victoria que Adán dejó de ganar. Si en algún sentido tuviésemos que soportar nosotros un conflicto más duro que el que Cristo tuvo que soportar, él no podría socorrernos.

Pero nuestro Salvador tomó la humanidad con todo su pasivo. Se vistió de la naturaleza humana, con la posibilidad de ceder a la tentación. No tenemos que soportar nada que él no haya soportado.

1.12. En el desierto de la tentación - II

Satanás veía en los hombres la obra de un poder que resistía a su autoridad.

Con intenso interés,consideró los sacrificios ofrecidos por Adán y sus hijos. En esta ceremonia discernía el símbolo de la comunión entre la tierra y el cielo. Se dedicó a interceptar esta comunión.

Representó falsamente a Dios, así como los ritos que señalaban al Mesias. Los hombres fueron inducidos a temer a Dios como a un ser que se deleitaba en la destrucción. Los sacrificios que debían revelar su amor, eran ofrecidos únicamente para apaciguar su ira.

Satanás excitaba las malas pasiones de los hombres a fin de asegurar su dominio sobre ellos.

Cuando fue dada la palabra escrita de Dios, Satanás estudió las profecías del advenimiento del Mesias. De generación en generación, trabajó para cegar a la gente acerca de esas profecías, a fin de que rechazase a Cristo en ocasión de su venida.

Al nacer Jesús, Satanás supo que había venido un Ser comisionado divinamente para disputarle su dominio. Tembló al oír el mensaje del ángel que atestiguaba la autoridad del Rey recién nacido.

Satanás conocía muy bien la posición que Cristo había ocupado en el cielo. El hecho de que el Hijo de Dios viniese a esta tierra como hombre le llenaba de asombro y aprensión. No podía sondear el misterio de este gran sacrificio. Su alma egoísta no podía comprender tal amor por la familia engañada.

La gloria y la paz del cielo y el gozo de la comunión con Dios, eran débilmente comprendidos por los hombres; pero eran bien conocidos para Lucifer, el querubín cubridor. Puesto que había perdido el cielo, estaba resuelto a vengarse haciendo participar a otros de su caída. Esto lo lograría induciéndolos a menospreciar las cosas celestiales, y poner sus afectos en las terrenales.

No sin obstáculos iba el Generalísimo del cielo a ganar las almas de los hombres para su reino. Desde su infancia en Belén, fue continuamente asaltado por el maligno. La imagen de Dios se manifestaba en Cristo, y en los concilios de Satanás se había resuelto vencerle. Ningún ser humano había venido al mundo y escapado al poder del engañador.

Las fuerzas de la confederación del mal asediaban su senda para entablar guerra con él, y, si era posible, prevalecer contra él.

En ocasión del bautismo del Salvador, Satanás se hallaba entre los testigos. Vio la gloria del Padre que descansaba sobre su Hijo. Oyó la voz de Jehová atestiguar la divinidad de Jesús.

Desde el pecado de Adán, la especie humana había estado privada de la comunión directa con Dios; el trato entre el cielo y la tierra se había realizado por medio de Cristo; pero ahora que Jesús había venido "en semejanza de carne de pecado" (Rom. 8:3), el Padre mismo habló.

Antes se había comunicado con la humanidad por medio de Cristo; ahora se comunicaba con la humanidad en Cristo.

Satanás había esperado que el aborrecimiento que Dios siente hacia el mal produjera una eterna separación entre el cielo y la tierra. Pero ahora era evidente que la relación entre Dios y el hombre había sido restaurada. Satanás vio que debía vencer o ser vencido.

viernes, octubre 27, 2006

1.11. En el desierto de la tentación - I

"Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre". Mateo 4:1,2.
"Y luego el Espíritu le impulsó al desierto. Y estuvo allí en el desierto cuarenta días, y era tentado por Satanás, y estaba con las fieras; y los ángeles le servían". Marcos 1:12,13.
"Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto por cuarenta días, y era tentado por el diablo. Y no comió nada en aquellos días, pasados los cuales, tuvo hambre". Lucas 4:1,2.
Cuando Jesús fue llevado al desierto para ser tentado, fue llevado por el Espíritu de Dios. El no invitó a la tentación. Fue al desierto para estar solo, para contemplar su misión y su obra. Por el ayuno y la oración, debía fortalecerse para andar en la senda manchada de sangre que iba a recorrer.
Pero Satanás sabía que el Salvador había ido al desierto, y pensó que ésa era la mejor ocasión para atacarle.
Grandes eran para el mundo los resultados que estaban en juego en elconflicto entre el Príncipe de la Luz y el caudillo del reino de las tinieblas.
Después de inducir al hombre a pecar, Satanás reclamó la tierra como suya, y se llamó príncipe de este mundo. Habiendo hecho conformar a su propia naturaleza al padre y a la madre de nuestra especie, pensó establecer aquí su imperio. Declaró que el hombre le había elegido como soberano suyo. Mediante su dominio de los hombres, dominaba el mundo.
Cristo había venido para desmentir la pretensión deSatanás.
Como Hijo del hombre, Cristo iba a permanecer leal a Dios. Así se demostraría que Satanás no había obtenido completo dominio de la especie humana, y que su pretensión al reino del mundo era falsa. Todos los que deseasen liberación de su poder, podrían ser librados. El dominio que Adán había perdido por causa del pecado, sería recuperado.
Desde el anuncio hecho a la serpiente en el Edén: "Y enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya" (Gén. 3:15), Satanás sabía que no ejercía dominio absoluto sobre el mundo.

lunes, octubre 23, 2006

1.10. ESTE ES MI HIJO AMADO


Las palabras dichas a Jesús a orillas del Jordán: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mat. 3:17), abarcan a toda la humanidad.

Dios habló a Jesús como a nuestro representante. No obstante todos nuestros pecados y debilidades, no somos desechados como inútiles. El "nos hizo aceptos en el Amado”. Efés. 1:6.

La gloria que descansó sobre Jesús es una prenda del amor de Dios hacia nosotros. Nos habla del poder de la oración, de cómo la voz humana puede llegar al oído de Dios, y ser aceptadas nuestras peticiones en los atrios celestiales.


Por el pecado, la tierra quedó separada del cielo y enajenada de su comunión; pero Jesús la ha relacionado otra vez con la esfera de gloria. Su amor rodeó al hombre, y alcanzó el cielo más elevado. La luz que cayó por los portales abiertos sobre la cabeza de nuestro Salvador, caerá sobre nosotros mientras oremos para pedir ayuda con que resistir a la tentación.


La voz que habló a Jesús dice a toda alma creyente: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia".


"Amados, ahora somos hijos de Dios, y aun no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él apareciere, seremos semejantes a él, porque le veremos como él es.” 1 Juan 3:2.


Nuestro Redentor ha abierto el camino, de manera que el más pecaminoso, el más menesteroso, el más oprimido y despreciado, puede hallar acceso al Padre. Todos pueden tener un hogar en las mansiones que Jesús ha ido a preparar.


Estas cosas dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre: . . . he aquí, he dado una puerta abierta delante de ti, la cual ninguno puede cerrar”. Apoc. 3:7, 8.

1.09. HE AQUÍ EL CORDERO DE DIOS

"Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia". Mat. 3:17.

Estas palabras de confirmación fueron dadas para inspirar fe a aquellos que presenciaron la escena del bautismo de Jesús y fortalecer al Salvador para su misión.

A pesar de que los pecados de un mundo culpable pesaban sobre Cristo, a pesar de la humillación que implicaba el tomar sobre sí nuestra naturaleza caída, la voz del cielo lo declaró Hijo del Eterno.

Juan había quedado profundamente conmovido al ver a Jesús postrarse como suplicante para pedir con lágrimas la aprobación del Padre. Al rodearle la gloria de Dios y oírse la voz del cielo, Juan reconoció la señal que Dios le había prometido. Sabía que era al Redentor del mundo a quien había bautizado. El Espíritu Santo descendió sobre él, y extendiendo la mano, señaló a Jesús y exclamó: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. Juan 1:29.

Nadie de entre los oyentes, ni aun el que las pronunció, discernió el verdadero significado de estas palabras, “el Cordero de Dios”.

Sobre el monte Moria, Abrahán había oído la pregunta de su hijo: “Padre mío.... ¿Dónde está el cordero para el holocausto?” El padre contestó “Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío”. Gén. 22:7 e 8. Y en el carnero divinamente provisto en lugar de Isaac, Abrahán vio un símbolo de Aquel que había de morir por los pecados de los hombres.

El Espíritu Santo, mediante Isaías, repitiendo la ilustración, profetizó del Salvador: "Como cordero fue llevado al matadero”, “Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros”, Isa. 53: 7, 6, pero los hijos de Israel no habían comprendido la lección. Muchos de ellos consideraban los sacrificios de una manera muy semejante a la forma en que miraban sus sacrificios los paganos, como dones por cuyo medio podían propiciar a la Divinidad.

Dios deseaba enseñarles que el don que los reconcilia con él proviene de su amor.

viernes, octubre 20, 2006

1.08. El pecado había llegado a ser una ciencia,

y el vicio era consagrado como parte de la religión.

La rebelión había hundido sus raíces en el corazón, y la hostilidad del hombre era muy violenta contra el cielo. Se había demostrado ante el universo que, separada de Dios, la humanidad no puede ser elevada. Un nuevo elemento de vida y poder tiene que ser impartido por Aquel que hizo el mundo.

Con intenso interés, los mundos que no habían caído habían mirado para ver a Jehová levantarse y barrer a los habitantes de la tierra.

Y si Dios hubiese hecho esto, Satanás estaba listo para llevar a cabo su plan de asegurarse la obediencia de los seres celestiales.

Satanás había declarado que los principios del gobierno divino hacen imposible el perdón. Si el mundo hubiera sido destruido, habría sostenido que sus acusaciones eran ciertas. Estaba listo para echar la culpa sobre Dios, y extender su rebelión a los mundos superiores.

Pero en vez de destruir al mundo, Dios envió a su Hijo para salvarlo.

Aunque en todo rincón de la provincia enajenada se notaba corrupción y desafío, se proveyó un modo de rescatarla. En el mismo momento de la crisis, cuando Satanás parecía estar a punto de triunfar, el Hijo de Dios vino como embajador de la gracia divina.

En toda época y en todo momento, el amor de Dios se había manifestado en favor de la especie caída. A pesar de la perversidad de los hombres, hubo siempre indicios de misericordia.

Y llegada la plenitud del tiempo, la Divinidad se glorificó derramando sobre el mundo tal efusión de gracia sanadora, que no se interrumpiría hasta que se cumpliese el plan de salvación.

Satanás se estaba regocijando de que había logrado degradar la imagen de Dios en la humanidad.

Entonces vino Jesús a restaurar en el hombre la imagen de su Hacedor.

Nadie, excepto Cristo, puede amoldar de nuevo el carácter que ha sido arruinado por el pecado.

El vino para expulsar a los demonios que habían dominado la voluntad. Vino para levantarnos del polvo, para rehacer según el modelo divino el carácter que había sido mancillado, para hermosearlo con su propia gloria.

1.07. El engaño del pecado había llegado a su culminación.

Habían sido puestos en operación todos los medios de depravar las almas de los hombres.

El Hijo de Dios, mirando al mundo, contemplaba sufrimiento y miseria.
Veía con compasión cómo los hombres habían llegado a ser víctimas de la crueldad satánica.
Miraba con piedad a aquellos a quienes se estaba corrompiendo, matando y perdiendo. Habían elegido a un gobernante que los encadenaba como cautivos a su carro.
Aturdidos y engañados avanzaban en lóbrega procesión hacia la ruina eterna, hacia la muerte en la cual no hay esperanza de vida, hacia la noche que no ha de tener mañana.
Los agentes satánicos estaban incorporados con los hombres. Los cuerpos de los seres humanos, hechos para ser morada de Dios, habían llegado a ser habitación de demonios.
Los sentidos, los nervios, las pasiones, los órganos de los hombres, eran movidos por agentes sobrenaturales en la complacencia de la concupiscencia más vil. La misma estampa de los demonios estaba grabada en los rostros de los hombres, que reflejaban la expresión de las legiones del mal que los poseían.

Fue lo que contempló el Redentor del mundo. ¡Qué espectáculo para la Pureza Infinita!

1.06. Todo el sistema debia ser desechado

El pueblo a quien Dios había llamado para ser columna y base de la verdad, había llegado a ser representante de Satanás.
Hacía la obra que Satanás deseaba que hiciese, y seguía una conducta que representaba falsamente el carácter de Dios y como resultado el mundo lo consideraba como un tirano.

Los mismos sacerdotes que servían en el templo habían perdido de vista el significado del servicio que cumplían. Habían dejado de mirar más allá del símbolo, a lo que significaba. Al presentar las ofrendas de los sacrificios, eran como actores de una pieza de teatro.

Los ritos que Dios mismo había ordenado eran trocados en medios de cegar la mente y endurecer el corazón.

Dios no podía hacer ya más nada para el hombre por medio de ellos.
Todo el sistema debía ser desechado.

martes, octubre 17, 2006

1.05. El cumplimiento del tiempo había llegado

La humanidad, cada vez más degradada por los siglos de transgresión, demandaba la venida del Redentor.

Satanás había estado obrando para ahondar y hacer insalvable el abismo entre el cielo y la tierra. Por sus mentiras, había envalentonado a los hombres en el pecado. Se proponía agotar la tolerancia de Dios, y extinguir su amor por el hombre, a fin de que abandonase al mundo a la jurisdicción satánica.

Satanás estaba tratando de privar a los hombres del conocimiento de Dios, de desviar su atención del templo de Dios, y establecer su propio reino. Su contienda por la supremacía había parecido tener casi completo éxito.

Es cierto que en toda generación Dios había tenido sus agentes. Aun entre los paganos, había hombres por medio de quienes Cristo estaba obrando para elevar el pueblo de su pecado y degradación. Pero eran despreciados y odiados. A muchos se les había dado muerte. La obscura sombra que Satanás había echado sobre el mundo se volvía cada vez más densa.

Mediante el paganismo, Satanás había apartado de Dios a los hombres durante muchos siglos; pero al pervertir la fe de Israel había obtenido su mayor triunfo.

Al contemplar y adorar sus propias concepciones, los paganos habían perdido el conocimiento de Dios, y se habían ido corrompiendo cada vez más.

Así había sucedido también con Israel.

El principio de que el hombre puede salvarse por sus obras, que es fundamento de toda religión pagana, era ya principio de la religión judaica. Satanás lo había implantado; y doquiera se lo adopte, los hombres no tienen defensa contra el pecado.

El mensaje de la salvación es comunicado a los hombres por medio de agentes humanos.

Pero los judíos habían tratado de monopolizar la verdad que es vida eterna. Habían atesorado el maná viviente, que se había trocado en corrupción. La religión que habían tratado de guardar para sí llegó a ser un escándalo.

Privaban a Dios de su gloria, y defraudaban al mundo por una falsificación del Evangelio.

Se habían negado a entregarse a Dios para la salvación del mundo, y llegaron a ser agentes de Satanás para su destrucción.

sábado, octubre 14, 2006

1.04. Algunos esperaban un libertador

Quedaban, sin embargo, entre los judíos, almas firmes, descendientes de aquel santo linaje por cuyo medio se había conservado el conocimiento de Dios. Confiaban aún en la esperanza de la promesa hecha a los padres. Fortalecían su fe espaciándose en la seguridad dada por Moisés:

Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis”. Deut. 18:15; Hech. 3:22.

Además, leían que el Señor iba a ungir a Uno “a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová” Isa. 61:1,2.

Leían que estableceria “en la tierra justicia; y las costas esperarán su ley” Isa. 42:4, como asimismo “andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento”
Isa. 60:3.

Las palabras que Jacob pronunciara en su lecho de muerte (Gén. 49:10) los llenaban de esperanza:


No será quitado el cetro de Judá,
Ni el legislador de entre sus pies,

Hasta que venga Siloh;
Y a él se congregarán los pueblos.

El desfalleciente poder de Israel atestiguaba que se acercaba la llegada del Mesías.

La profecía de Daniel describía la gloria de su reinado sobre un imperio que sucedería a todos los reinos terrenales:

“Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre” Dan. 2:44.

Aunque pocos comprendían la naturaleza de la misión de Cristo, era muy difundida la espera de un príncipe poderoso que establecería su reino en Israel, y se presentaría a las naciones como libertador.

miércoles, octubre 11, 2006

1.03. Debía venir el Verdadero Intérprete

Hubo, fuera de la nación judía, hombres que predijeron el aparecimiento de un instructor divino. Eran hombres que buscaban la verdad, y a quienes se les había impartido el Espíritu de la inspiración. Tales maestros se habían levantado uno tras otro como estrellas en un firmamento obscuro, y sus palabras proféticas habían encendido esperanzas en el corazón de millares de gentiles.

Desde hacía varios siglos, las Escrituras estaban traducidas al griego, idioma extensamente difundido por todo el imperio romano. Los judíos se hallaban dispersos en todas partes; y su espera del Mesías era compartida hasta cierto punto por los gentiles.

Entre aquellos a quienes los judíos llamaban gentiles, había hombres que entendían mejor que los maestros de Israel las profecías bíblicas concernientes a la venida del Mesías. Algunos le esperaban como libertador del pecado. Los filósofos se esforzaban por estudiar el misterio de la economía hebraica.

Pero el fanatismo de los judíos estorbaba la difusión de la luz. Resueltos a mantenerse separados de las otras naciones, no estaban dispuestos a impartirles el conocimiento que aún poseían acerca de los servicios simbólicos.

Debía venir el verdadero Intérprete. Aquel que fuera prefigurado por todos los símbolos debía explicar su significado. Dios había hablado al mundo por medio de la naturaleza, las figuras, los símbolos, los patriarcas y los profetas.

Las lecciones debían ser dadas a la humanidad en su propio lenguaje. El Mensajero del pacto debía hablar. Su voz debía oírse en su propio templo. Cristo debía venir para pronunciar palabras que pudiesen comprenderse clara y distintamente.

El, el Autor de la verdad, debía separar la verdad del tamo de las declaraciones humanas que habían anulado su efecto. Los principios del gobierno de Dios y el plan de redención debían ser definidos claramente. Las lecciones del Antiguo Testamento debían ser presentadas plenamente a los hombres.

1.02. "Dios envió a su Hijo”.

Gálatas 4:4.

La Providencia había dirigido los movimientos de las naciones, así como el flujo y reflujo de impulsos e influencias de origen humano, a tal punto que el mundo estaba maduro para la llegada del Libertador:

1. Las naciones estaban unidas bajo un mismo gobierno (Roma).

2. Un idioma (el griego) se hablaba extensamente y era reconocido por doquiera como la lengua literaria.

3. De todos los países, los judíos dispersos acudían a Jerusalén para asistir a las fiestas anuales, y al volver adonde residían, podían difundir por el mundo las nuevas de la llegada del Mesías.

En aquel entonces los sistemas religiosos estaban perdiendo su poder sobre la gente. Los hombres se hallaban cansados de ceremonias y fábulas. Deseaban con vehemencia una religión que dejase satisfecho el corazón.

Aunque la luz de la verdad parecía haberse apartado de los hombres, había almas que buscaban la luz, llenas de perplejidad y tristeza. Anhelaban conocer al Dios vivo, a fin de tener cierta seguridad de una vida allende la tumba.

Al apartarse los judíos de Dios, la fe se había empañado y la esperanza casi había dejado de iluminar lo futuro. Las palabras de los profetas no eran comprendidas. Para las muchedumbres, la muerte era un horrendo misterio; más allá todo era incertidumbre y lobreguez.

No era sólo el lamento de las madres de Belén, sino el clamor del inmenso corazón de la humanidad, el que llegó hasta el profeta a través de los siglos: la voz oída en Ramá, "grande lamentación, lloro y gemido: Raquel que llora sus hijos; y no quiso ser consolada, porque perecieron". Mateo 2:18.

Los hombres moraban sin consuelo "en valle de sombra de muerte" (Salmo 23:4). Con ansia en los ojos, esperaban la llegada del Libertador, cuando se disiparían las tinieblas, y se aclararía el misterio de lo futuro.

1.01. El cumplimiento del tiempo

"Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos". Gálatas 4:4, 5.

La venida del Salvador había sido predicha en el Edén. Cuando Adán y Eva oyeron por primera vez la promesa, esperaban que se cumpliese pronto. Dieron gozosamente la bienvenida a su primogénito, esperando que fuese el Libertador. Pero el cumplimiento de la promesa tardó. Los que la recibieron primero, murieron sin verlo.

Desde los días de Enoc, la promesa fue repetida por medio de los patriarcas y los profetas, manteniendo viva la esperanza de su aparición, y sin embargo no había venido.

La profecía de Daniel revelaba el tiempo de su advenimiento, pero no todos interpretaban correctamente el mensaje.

Transcurrió un siglo tras otro, y las voces de los profetas cesaron.

La mano del opresor pesaba sobre Israel, y muchos estaban listos para exclamar: "Se han prolongado los días, y fracasa toda visión." Ezequiel 12:22.

Pero, como las estrellas en la vasta órbita de su derrotero señalado, los propósitos de Dios no conocen premura ni demora.

Por los símbolos de las densas tinieblas y el horno humeante, Dios había anunciado a Abrahán la servidumbre de Israel en Egipto, y había declarado que el tiempo de su estada allí abarcaría cuatrocientos años. "Después de esto - dijoDios, - saldrán con grande riqueza." Génesis 15:14.

Y contra esta palabra se empeñó en vano todo el poder del orgulloso imperio de los faraones. "En el mismo día" señalado por la promesa divina, "salieron todos los ejércitos deJehová de la tierra de Egipto". Éxodo 12:41.

Así también fue determinada desde el Trono del Universo la hora en que Cristo había de venir; y cuando el gran reloj del tiempo marcó aquella hora, Jesús nació en Belén.