Se necesitan pastores / Necessita-se de pastores / Pastors are needed

Se necesitan pastores -pastores fieles- que no halaguen al pueblo de Dios ni lo traten con aspereza, sino que lo alimenten con el pan de vida. / Necessita-se de pastores - pastores fiéis - que não lisonjeem o povo de Deus, nem o tratem com aspereza, mas o alimentem com o pão da vida. / Pastors are needed -faithful shepherds- who will not flatter God"s people or treat them harshly, but who will feed them with the bread of life.

EL DIOS QUE YO CONOZCO

1.23. La Segunda Tentación de Cristo - IV

Muchas veces, cuando Satanás no logra excitar la desconfianza, nos induce a la presunción.

Si puede hacernos entrar innecesariamente en el camino de la tentación, sabe que la victoria es suya. Dios guardará a todos los que anden en la senda de la obediencia; pero el apartarse de ella es aventurarse en terreno de Satanás. Allí, lo seguro es que caeremos.

El Salvador nos ha ordenado: "Velad y orad, para que no entréis en tentación" (Mar. 14:38). La meditación y la oración nos impedirían precipitarnos, sin orden alguna, al peligro, y así nos ahorraríamos muchas derrotas.

Sin embargo, no deberíamos desanimarnos cuando nos asalta la tentación. Muchas veces, al encontrarnos en situación penosa, dudamos de que el Espíritu de Dios nos haya estado guiando. Pero fue la dirección del Espíritu la que llevó a Jesús al desierto, para ser tentado por Satanás.

Cuando Dios nos somete a una prueba, tiene un fin que lograr para nuestro bien.

Jesús no confió presuntuosamente en las promesas de Dios yendo a la tentación sin recibir la orden, ni se entregó a la desesperación cuando la tentación le sobrevino. Ni debemos hacerlo nosotros.

"fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar" (1 Cor. 10:13).

El dice:

"Sacrifica a Dios alabanza, y paga tus votos al Altísimo. E invócame en el día de la angustia: te libraré, y tú me honrarás" (Salmos 50:14, 15).

1.22. La Segunda Tentación de Cristo - III

“Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios” (Mateo 4:7).

Estas palabras fueron dirigidas por Moisés a los hijos de Israel cuando tenían sed en el desierto, y exigieron que Moisés les diese agua, exclamando: "¿Está, pues, Jehová entre nosotros, o no?” (Éxodo 17:7).

Dios había obrado maravillosamente en favor suyo; sin embargo, al verse en dificultades, dudaron de él, y exigieron pruebas de que estaba con ellos.

En su incredulidad, trataron de probarle. Satanás instaba a Cristo a hacer lo mismo.

Dios había testificado ya de que Jesús era su Hijo; y ahora pedir pruebas de que era el Hijo de Dios era dudar de la Palabra de Dios, era tentarle. Y se podía hacer lo mismo al pedir lo que Dios no había prometido. Era manifestar desconfianza; en realidad, tentarle.

No debemos presentar nuestras peticiones a Dios para probar si cumplirá su palabra, sino porque él la cumplirá; no para probar que nos ama, sino porque él nos ama.

"Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan" (Heb. 11:6).

Pero la fe no va en ningún sentido unida a la presunción. Sólo el que tenga verdadera fe se halla seguro contra la presunción. Porque la presunción es la falsificación satánica de la fe.

La fe se aferra a las promesas de Dios, y produce la obediencia. La presunción también se aferra a las promesas, pero las usa como Satanás, para disculpar la transgresión.

La fe habría inducido a nuestros primeros padres a confiar en el amor de Dios, y a obedecer sus mandamientos.

La presunción los indujo a transgredir su ley, creyendo que su gran amor los salvaría de las consecuencias de su pecado.

No es fe lo que reclama el favor del Cielo sin cumplir las condiciones bajo las cuales se concede una merced. La fe verdadera tiene su fundamento en las promesas y provisiones de las Escrituras.

1.21. La Segunda Tentación de Cristo - II

"Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra" (Mateo 4:5, 6).

"Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos. En las manos te llevarán, para que tu pie no tropiece en piedra" (Salmo 91:11, 12).

Cuando Satanás citó la promesa: "A sus ángeles mandará acerca de ti," omitió las palabras: "que te guarden en todos tus caminos"; es decir, en todos los caminos que Dios haya elegido.

Satanás tenía el propósito de oscurecer el hecho de que tenemos derecho de reclamar el cuidado protector de Dios sólo cuando andamos por los caminos que Dios escoge.

Satanás bien sabía que cuando un hombre se aparta del camino estrecho y recto, se aleja del terreno escogido por Dios y se coloca en la tierra hechizada del enemigo.

Pero Jesús se negó a apartarse del camino de la estricta obediencia a la voluntad del Padre. Aunque manifestaba perfecta confianza en su Padre, no quería colocarse, sin que le fuera ordenado, en una posición que justificase la intervención de su Padre para salvarle de la muerte. No quería obligar a la Providencia a acudir en su auxilio, y dejar de dar al hombre un ejemplo de confianza y sumisión.

1.20. La Segunda Tentación de Cristo - I

"Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra" (Mateo 4:5, 6).

Satanás supone ahora que ha hecho frente a Jesús en su propio terreno. El astuto enemigo le presenta palabras procedentes de la boca de Dios. Se da todavía por un ángel de luz y evidencia conocer las Escrituras y comprender su significado.

Como Jesús empleó antes la Palabra de Dios para sostener su fe, el tentador la usa ahora para apoyar su engaño. Pretende haber estado tan sólo probando la fidelidad de Jesús, y elogia su firmeza. Como el Salvador había manifestado confianza en Dios, Satanás le insta a dar otra prueba de su fe.

Pero otra vez la tentación va precedida de la insinuación de desconfianza: "Si eres Hijo de Dios".

Cristo se sintió tentado a contestar al "si;" pero se abstuvo de la menor aceptación de la duda; no podía hacer peligrar su vida a fin de dar pruebas a Satanás.

El tentador pensaba aprovechar de la humanidad de Cristo e incitarle a la presunción.

Pero aunque Satanás puede instar, no puede obligar a pecar. Dijo, pues, a Jesús: "Échate abajo," sabiendo que no podía arrojarle, porque Dios se interpondría para librarle.

Ni podía Satanás obligar a Jesús a arrojarse. A menos que Cristo cediese a la tentación, no podía ser vencido. Ni aun todo el poder de la tierra o del infierno podía obligarle a apartarse en un ápice de la voluntad de su Padre.

El tentador no puede nunca obligarnos a hacer lo malo. No puede dominar nuestra mente, a menos que la entreguemos a su dirección.

La voluntad debe consentir y la fe abandonar su confianza en Cristo, antes que Satanás pueda ejercer su poder sobre nosotros. Pero todo deseo pecaminoso que acariciamos le da un punto de apoyo. Todo detalle en que dejamos de alcanzar la norma divina es una puerta abierta por la cual él puede entrar para tentarnos y destruirnos.

Y todo fracaso o derrota de nuestra parte le da ocasión de vituperar a Cristo.

1.19. La Primera Tentación de Cristo - VI

Todo aquel que lucha contra el poder del apetito considere al Salvador en el desierto de la tentación. Véale en su agonía sobre la cruz cuando exclamó: "Sed tengo" (Juan 19:28). El padeció todo lo que nos puede tocar sufrir. Su victoria es nuestra.

Jesús confió en la sabiduría y fuerza de su Padre celestial.
Declara: "Jehová el Señor me ayudará; por tanto no he sido abochornado; ... y sé que no seré avergonzado.... He aquí que Jehová me ayudará." Llamando la atención a su propio ejemplo, él nos dice: "¿Quién hay de entre vosotros que teme a Jehová, . . . que anda en tinieblas y no tiene luz? ¡Confíe en el nombre de Jehová, y apóyese en su Dios!" (Isa. 50:7-10).
"Viene el príncipe de este mundo - dice Jesús - mas no tiene nada en mí" (Juan 14:30). No había en él nada que respondiera a los sofismas de Satanás.

El no consintió en pecar. Ni siquiera por un pensamiento cedió a la tentación. Así también podemos hacer nosotros. La humanidad de Cristo estaba unida con la divinidad. Fue hecho idóneo para el conflicto mediante la permanencia del Espíritu Santo en él. Y él vino para hacernos participantes de la naturaleza divina. Mientras estemos unidos con él por la fe, el pecado no tendrá dominio sobre nosotros.

Dios extiende su mano para alcanzar la mano de nuestra fe y dirigirla a asirse de la divinidad de Cristo, a fin de que nuestro carácter pueda alcanzar la perfección.Y Cristo nos ha mostrado cómo puede lograrse esto. ¿Por medio de qué venció él en el conflicto con Satanás? - Por la Palabra de Dios. Sólo por medio de la Palabra pudo resistir la tentación. "Escrito está," dijo. Y a nosotros " nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas" llegásemos "a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia" (2 Pedro 1:4)

Toda promesa de la Palabra de Dios nos pertenece.
Hemos de vivir de "toda palabra que sale de la boca de Dios". Cuando nos veamos asaltados por las tentaciones, no miremos las circunstancias o nuestra debilidad, sino el poder de la Palabra.
Toda su fuerza es nuestra. "En mi corazón he guardado tus dichos - dice el salmista - para no pecar contra ti" (Sal. 119:11) "Por la palabra de tus labios yo me he guardado de las vías del destructor" (Sal. 17:4).

1.18. La Primera Tentación de Cristo - V

De todas las lecciones que se desprenden de la primera gran tentación de nuestro Señor, ninguna es más importante que la relacionada con el dominio de los apetitos y pasiones. En todas las edades, las tentaciones atrayentes para la naturaleza física han sido las más eficaces para corromper y degradar a la humanidad.

Mediante la intemperancia, Satanás obra para destruir las facultades mentales y morales que Dios dio al hombre como un don inapreciable. Así viene a ser imposible para los hombres apreciar las cosas de valor eterno. Mediante la complacencia de los sentidos, Satanás trata de borrar del alma todo vestigio de la semejanza divina.

La sensualidad irrefrenada y la enfermedad y degradación consiguientes, que existían en tiempos del primer advenimiento de Cristo, existen, con intensidad agravada, ahora, antes de su segunda venida.

Cristo declara que la condición del mundo será como en los días anteriores al diluvio (Mat. 24:37-39), y como en tiempos de Sodoma y Gomorra (Luc. 17:28-32). Todo intento de los pensamientos del corazón será de continuo el mal (Gén. 6:5).

Estamos viviendo en la víspera misma de ese tiempo pavoroso, y la lección del ayuno del Salvador debe grabarse en nuestro corazón.

Únicamente por la indecible angustia que soportó Cristo podemos estimar el mal que representa el complacer sin freno los apetitos. Su ejemplo demuestra que nuestra única esperanza de vida eterna consiste en sujetar los apetitos y pasiones a la voluntad de Dios.

En nuestra propia fortaleza, nos es imposible negarnos a los clamores de nuestra naturaleza caída. Por su medio, Satanás nos presentará tentaciones. Cristo sabía que el enemigo se acercaría a todo ser humano para aprovecharse de las debilidades hereditarias y entrampar, mediante sus falsas insinuaciones, a todos aquellos que no confían en Dios.

Recorriendo el terreno que el hombre debe recorrer, nuestro Señor ha preparado el camino para que venzamos. No es su voluntad que seamos puestos en desventaja en el conflicto con Satanás. No quiere que nos intimiden ni desalienten los asaltos de la serpiente. "Tened buen ánimo - dice; - yo he vencido al mundo" (Juan 16:33).

1.17. La Primera Tentación de Cristo - IV

Cuando Cristo dijo al tentador: "No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mat. 4:4), repitió las palabras que más de catorce siglos antes había dicho a Israel: "Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos. Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre." (Deut. 8:2, 3).

En el desierto, cuando todos los medios de sustento se habían agotado, Dios envió a su pueblo maná del cielo, y esto en una provisión suficiente y constante. Dicha provisión había de enseñarles que mientras confiasen en Dios y anduviesen en sus caminos, él no los abandonaría.

Jesús puso ahora en práctica la lección que había enseñado a Israel. La palabra de Dios había dado socorro a la hueste hebrea, y la misma palabra se lo daría también a Jesús. Esperó el tiempo en que Dios había de traerle alivio. Se hallaba en el desierto en obediencia a Dios, y no iba a obtener alimentos siguiendo las sugestiones de Satanás. En presencia del universo, atestiguó que es menor calamidad sufrir lo que venga, que apartarse en un ápice de la voluntad de Dios."No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios."

Muchas veces el que sigue a Cristo se ve colocado en donde no puede servir a Dios y llevar adelante sus empresas mundanales. Tal vez le parezca que la obediencia a algún claro requerimiento de Dios le privará de sus medios de sostén. Satanás quisiera hacerle creer que debe sacrificar las convicciones de su conciencia. Pero lo único en que podemos confiar en este mundo es la Palabra de Dios. "Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas" (Mat. 6:33).

Aun en esta vida, no puede beneficiarnos el apartarnos de la voluntad de nuestro Padre celestial. Cuando aprendamos a conocer el poder de su palabra no seguiremos las sugestiones deSatanás para obtener alimento o salvarnos la vida. Lo único que preguntaremos será: ¿Cuál es la orden de Dios, y cuál es su promesa? Conociéndolas, obedeceremos la primera y confiaremos en la segunda.

En el último gran conflicto de la controversia con Satanás, los que sean leales a Dios se verán privados de todo apoyo terrenal. Porque se niegan a violar su ley en obediencia a las potencias terrenales, se les prohibirá comprar o vender. Finalmente será decretado que se les dé muerte. (Ver Apo. 13:11-17).

Pero al obediente se le hace la promesa: "éste habitará en las alturas; fortaleza de rocas será su lugar de refugio; se le dará su pan, y sus aguas serán seguras" (Isa. 33:16). Los hijos de Dios vivirán por esta promesa.

Serán alimentados cuando la tierra esté asolada por el hambre."No serán avergonzados en el mal tiempo, y en los días de hambre serán saciados" (Sal. 37:19).

El profeta Habacuc previó este tiempo de angustia, y sus palabras expresan la fe de la iglesia: "Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación" (Hab. 3:17,18).

1.16. La Primera Tentación de Cristo - III

Cuando Satanás y el Hijo de Dios se encontraron por primera vez en conflicto, Cristo era el generalísimo de las huestes celestiales; y Satanás, el caudillo de la rebelión del cielo, fue echado fuera.


Ahora su condición está aparentemente invertida, y Satanás se aprovecha de su supuesta ventaja: "Uno de los ángeles más poderosos ha sido desterrado del cielo, y tu aspecto indica que tu eres aquel ángel caído, abandonado de Dios y de los hombres. Siendo un ser divino podrías sostener tu pretensión realizando un milagro, así que, 'Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan'."


Un acto tal de poder creador, insistía el tentador, sería evidencia concluyente de su divinidad. Pondría término a la controversia.

No sin lucha pudo Jesús escuchar en silencio al supremo engañador.

Pero el Hijo de Dios no había de probar su divinidad a Satanás, ni explicar la razón de su humillación. Accediendo a las exigencias del rebelde, no podía ganar nada para beneficio del hombre ni la gloria de Dios.

Si Cristo hubiese obrado de acuerdo con la sugestión del enemigo, Satanás habría dicho aún: "Muéstrame una señal para que crea que eres el Hijo de Dios." La evidencia habría sido inútil para quebrantar el poder de la rebelión en su corazón.

Y Cristo no había de ejercer el poder divino para su propio beneficio. Había venido para soportar la prueba como debemos soportarla nosotros, dejándonos un ejemplo de fe y sumisión. Ni en esta ocasión, ni en ninguna otra ulterior en su vida terrenal, realizó él un milagro en favor suyo. Sus obras admirables fueron todas hechas para beneficio de otros.

Aunque Jesús reconoció a Satanás desde el principio, no se sintió provocado a entrar en controversia con él. Fortalecido por el recuerdo de la voz del cielo, se apoyó en el amor de su Padre. No quiso parlamentar con la tentación.

Jesús hizo frente a Satanás con las palabras de la Escritura. "Escrito está," dijo.

En toda tentación, el arma de su lucha era la Palabra deDios. Satanás exigía de Cristo un milagro como señal de su divinidad. Pero aquello que es mayor que todos los milagros, una firme confianza en un "así dice Jehová," era una señal que no podía ser controvertida. Mientras Cristo se mantuviese en esa posición, el tentador no podría obtener ventaja alguna.

Fue en el tiempo de la mayor debilidad cuando Cristo fue asaltado por las tentaciones más fieras. Así Satanás pensaba prevalecer. Por este método había obtenido la victoria sobre los hombres. Cuando faltaba la fuerza y la voluntad se debilitaba, y la fe dejaba de reposar en Dios,entonces los que habían luchado valientemente por lo recto durante mucho tiempo, eran vencidos.

Moisés se hallaba cansado por los cuarenta años de peregrinaciones de Israel cuando su fe dejó de asirse momentáneamente del poder infinito. Fracasó en los mismos límites de la tierra prometida.

Así también sucedió con Elías, que había permanecido indómito delante del rey Acab y había hecho frente a toda la nación de Israel, encabezada por los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal. Después de aquel terrible día pasado sobre el Carmelo, cuando se había muerto a los falsos profetas y el pueblo había declarado su fidelidad a Dios, Elías huyó para salvar su vida, ante las amenazas de la idólatra Jezabel.

Así se había aprovechado Satanás de la debilidad de la humanidad. Y aun hoy sigue obrando de la misma manera.

Siempre que una persona esté rodeada de nubes, se halle perpleja por las circunstancias, o afligida por la pobreza y angustia, Satanás está listo para tentarla y molestarla. Ataca los puntos débiles de nuestro carácter. Trata de destruir nuestra confianza en Dios porque él permite que exista tal estado de cosas. Nos vemos tentados a desconfiar de Dios y a poner en duda su amor.

Muchas veces el tentador viene a nosotros como se presentó a Cristo, desplegando delante de nosotros nuestras debilidades y flaquezas. Espera desalentar el alma y quebrantar nuestra confianza en Dios. Entonces está seguro de su presa.


Si nosotros le hiciéramos frente como lo hizo Jesús, evitaríamos muchas derrotas. Parlamentando con el enemigo, le damos ventajas.

1.15. La Primera Tentación de Cristo - II

Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” Mat 4:2-4.

Aunque se presentó como ángel de luz delataban su carácter estas primeras palabras: “Si eres Hijo de Dios”.

En ellas se insinuaba la desconfianza. Si Jesús hubiese hecho lo que Satanás sugería, habría aceptado la duda. El tentador se proponía derrotar a Cristo de la misma manera en que había tenido tanto éxito con la especie humana en el principio. ¡Cuán arteramente se había acercado Satanás a Eva en el Edén: "¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?" (Gén 3:1).

Hasta ahí las palabras del tentador eran verdad; pero en su manera de expresarlas, se disfrazaba el desprecio por las palabras de Dios. Había una negativa encubierta, una duda de la veracidad divina.

Satanás trató de insinuar a Eva el pensamiento de que Dios no haría lo que había dicho, que el privarlos de una fruta tan hermosa contradecía su amor ycompasión por el hombre.

Así también el tentador trató de inspirar a Cristo sus propios sentimientos: “Si eres el Hijo de Dios".

Las palabras repercuten con amargura en su mente. En el tono de su voz hay una expresión de completa incredulidad: ¿Habría de tratar Dios así a su propio Hijo? ¿Lo dejaría en el desierto con las fieras, sin alimento,sin compañía, sin consuelo? Le insinúa que Dios nunca quiso que su Hijo estuviese en tal estado. “Si eres el Hijo de Dios” muéstrame tu poder aliviándote a ti mismo de esta hambre apremiante. Ordena que estas piedras sean transformadas en pan.

Las palabras del Cielo: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”, resonaban todavía en los oídos de Satanás. Pero estaba resuelto a hacer dudar a Cristo de este testimonio.

La palabra de Dios era para Cristo la garantía de su misión divina. El había venido para vivir como hombre entre los hombres, y esta palabra declaraba su relación con el cielo.

Era el propósito de Satanás hacerle dudar de esa palabra. Si la confianza de Cristo en Dios podía ser quebrantada, Satanás sabía que obtendría la victoria en todo el conflicto. Vencería a Jesús. Esperaba que bajo el imperio de la desesperación y el hambre extrema, Cristo perdería la fe en su Padre, y obraría un milagro en su propio favor. Si lo hubiera hecho habría malogrado el plan de salvación.

1.14. La Primera Tentación de Cristo - I

"Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" Mat 4:2-4.

Para Cristo, como para Adán y Eva en el Edén, el apetito fue la base de la primera gran tentación. Precisamente donde empezó la ruina, debeempezar la obra de nuestra redención. Así como por haber complacido elapetito Adán cayó, por sobreponerse al apetito Cristo debía vencer.

Desde el tiempo de Adán hasta el de Cristo, la complacencia de los deseos propios había aumentado el poder de los apetitos y pasiones, hasta que tenían un dominio casi ilimitado. Así los hombres se habían degradado y degenerado, y por sí mismos no podían vencer.

Cristo venció en favor del hombre, soportando la prueba más severa. Por nuestra causa, ejerció un dominio propio más fuerte que el hambre o la misma muerte. Y esta primera victoria entrañaba otros resultados, de los cuales participan todos nuestros conflictos con las potestades de las tinieblas.

Cuando Jesús entró en el desierto, fue rodeado por la gloria del Padre. Absorto en la comunión con Dios, se sintió elevado por encima de las debilidades humanas. Pero la gloria se apartó de él, y quedó solo para luchar con la tentación. Esta le apremiaba en todo momento. Su naturaleza humana rehuía el conflicto que le aguardaba.

Durante cuarenta días ayunó y oró. Débil y demacrado por el hambre, macilento y agotado por la agonía mental, "desfigurado era su aspecto más que el de cualquier hombre, y su forma más que la de los hijos de Adán." Isa. 52:14.

Entonces vio Satanás su oportunidad. Pensó que podía vencer a Cristo.

Como en contestación a las oraciones del Salvador, se le presentó un ser que parecía un ángel del cielo. Aseveró haber sido comisionado por Dios para declarar que el ayuno de Cristo había terminado. Así como Dios había enviado un ángel para detener la mano de Abrahán a fin de que no sacrificase a Isaac, así también, satisfecho con la buena disposición de Cristo para entrar por la senda manchada de sangre, el Padre había enviado un ángel para librarlo. Tal era el mensaje traído a Jesús.

El Salvador se hallaba debilitado por el hambre, y deseaba con vehemencia alimentos cuando Satanás se le apareció repentinamente. Señalando las piedras que estaban esparcidas por el desierto el tentador dijo: "Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan".